Moscú

Moscú tuvo de todo. Como debe ser para una ciudad de su magnitud: la más grande de Europa, una de las más antiguas, y el destino más lejano al que he arribado desde mi querida Buenos Aires.

Moscú tiene historia, y mucha. Capital política y cultural del mundo durante el siglo pasado, hoy una ciudad dinámica, rica y cosmopolita.

Moscú ciudad heroica en varias oportunidades, ciudad revolucionaria, ciudad quemada, ciudad perdida.

Moscú ciudad de la guerra y del dolor, de la mafia y de la belleza inagotable de sus edificios. Moscú cansadora y constructivista (gracias M. por el dato).

Llegué a Moscú con el tren nocturno desde San Petersburgo. Mi primera batalla la libré contra el metro. La red de metros de Moscú es impresionante (e impresionista). Casi 150 estaciones, con obras de artes, en doce líneas y profundas lo suficiente para resistir un ataque nuclear.

Me costó un poco orientarme, así que recurrí al viejo mapa y pregunta. Nadie habla inglés, la mitad de los hombres están borrachos después del mediodía y las mujeres no te devuelven ni la mirada.

Una vez llegado al hostal, repetí mi ejercicio habitual: caminar sin rumbo por la ciudad. Caminé tanto que me olvidé de comer en todo el día. Tomé fotos y regalé sonrisas por doquier. Me devolvieron una sola. A mi me bastó.

***

El segundo día arranqué con los imperdibles, Plaza Roja, San Basilio, Kremlin, Mausoleo de Lenin y su biblioteca. Por la tarde fuimos con Vera (mi amiga siberiana) a una plaza monumental que recuerda la gesta heroica de la ciudad en la batalla de Moscú durante la segunda guerra mundial.

Ese viernes por la noche, casi por accidente, decidí salir a dar una vuelta. En un momento me encontraba rogándole al gigantón ruso de la puerta de una disco copetuda que bajara sus estándares y me admitiese. “No”, me repetía “we have dress codes”. Que traducido significa algo así como “retírate, mugre”. Ok. Estoy de viaje, me había bañado, pero mi ropita de marca no se ajustaba al lugar.

Recurrí a mi arma más poderosa: la sonrisa. Le disparé unos doscientos “por favor” (en ruso), hasta que el pibe fue a consultar y finalmente me dejaron pasar.

No suelo frecuentar este tipo de lugares en mi ciudad, pero hacerlo fuera es una experiencia recomendable. Ver como invierten el tiempo libre los locales no tiene precio.

La mayor parte de la música era disco y tecno local. El DJ cada tanto la detiene y la gente canta, mientras bailan los mismos pasos. Mesas alrededor de la pista. Me hizo recordar a alguna otra capital Europea. Algo sorprendente: todas las mujeres dejan su cartera en el mismo lugar.

La humanidad esta condenada al fracaso. Admitámoslo.

***

El último día me levanté deshecho. Preparé las cosas para un empacado rápido y volví al centro a visitar más lugares y a repetir algunas fotos en la Plaza Roja. En el centro de la misma se encuentra el Mausoleo de Lenin. Por estos días se discute si debe permanecer aquí o lo trasladan. Un tema polémico.

Luego fuimos con Vera al parque cerca de la estación Kolomenskoye. Alberga diversas iglesias y mausoleos y es el paseo de fin de semana más cercano a la ciudad. Además había un festival de música y probé panqueques con caviar. Luego paseamos por la Plaza Roja (me encanta ese lugar) para verla iluminada de noche. Fascinante.

Sin embargo, Moscú casi me despide mal. Había reservado el transfer al aeropuerto en el hostal pero los muy ineptos no lo hicieron. Me vi forzado a salir a las corridas en búsqueda de un taxi a las 4 de la mañana y a contra-reloj. Fue imposible. Finalmente la recepcionista, quien me acompañó hasta la avenida, detuvo a un auto cualquiera y le pregunto si me llevaba al aeropuerto Demodovo por mis últimos 800 rublos (ya que ni siquiera me pudieron devolver el dinero de la reserva).

Analicemos detenidamente la estupidez que acababa de cometer: estando completamente solo, en una ciudad grande, peligrosa y desconocida, donde no hablo el idioma y nadie habla inglés, me había subido al auto de un absoluto extraño. Para empeorar las cosas, el sujeto manejaba como un descerebrado.

En un momento me doy cuenta de que mi puerta se encuentra trabada y que, habiendo él subido mi ventana, la calefacción estaba al máximo y un poderoso olor a nafta subía por las ventilaciones de mi lado. Me comencé a marear e inmediatamente me aterroricé. Había cometido una descomunal imprudencia. Mi chofer estaba loco. Y si yo me quedaba dormido, estaba listo.

Francamente fue la peor situación que me ha tocado vivir. La resumí, ya que el viaje duró unos 45 minutos. Creo que nunca antes había sentido tanto miedo.

Reaccioné como pude, bajé mi ventana, disminuí la calefacción, cerré mis ventilaciones y le bajé de prepo la música. Asomé la cabeza para respirar aire fresco. Prendí el GPS y confirmé que fuéramos en dirección al aeropuerto.

El muy hijo de puta inmediatamente se dio cuenta de que yo sabía que algo no andaba bien. Intentó cerrar mi ventana y comenzó a hacerse el simpático en ruso. Estaba completamente desquiciado y yo estaba a su merced.

***

Hice una peligrosa jugada. Violencia con violencia se paga. Le apagué la radio, le apagué la calefacción, bajé mi ventana y en un muy claro inglés, uno que hasta un mogólico como éste entendería, solté con una sonrisa amenazante y lentamente: “vos me vas a llevar al aeropuerto, está claro?”.

No supe que funcionaría hasta que funcionó. Llegué al aeropuerto sano y salvo, mareado, posiblemente intoxicado y asustado hasta las rodillas. Tomé mis cosas y apreté el dinero en su mano. Me fui sin mirarlo.

Una vez dentro del aeropuerto, pude tomar un café y calmarme. Además el aeropuerto, al igual que la hermosa Moscú, estaba lleno de chicas lindas.

Veo una teta más y me hago comunista.

Lucas.-



Plaza Roja de Noche.

13 comentarios:

Nikolina dijo...

Jajaja!! Aguante Moscu!

Lucas.- dijo...

Si.. que buena onda.. la banco a muerte

Terapia de piso dijo...

Lucas:

Qué vértigo. Con lo cobarde que soy no sé que hubiese hecho.

Estuve a punto de ir a Moscú desde Estocolmo a donde fui hace poco... No sé ahora si tendré ganas de aventurarme.

Un abrazo.

José Roberto Coppola

Lucas.- dijo...

Si, no se.. existe la posibilidad de que sólo se tratara de un boludo bien-intencionado... pero yo freakié mal... siempre me quedará la duda...

Además, a tono con todo el viaje, constituye una experiencia de extrajero... me dejé sorprender todo el tiempo...

Carolina dijo...

Qué susto, boludo!!!!!!!!!!!

Lao dijo...

muy bueno tu relato y la forma de describirlo. Por lo que contás del taxista tramposo confirma eso de que "en todos lados se cuecen habas" Es antiguo pero sirve...Saludos

Anónimo dijo...

Wow! es como mirar Travel & Living pero con personajes sin onda

Lucas.- dijo...

JAJAJAJA... ahhhh... me hiciste cagar de la risa.... seguí viendo travel & living.. jaja

¿Lesbiana? dijo...

Sé que las ciudades tocaron una partecita de mi (llamala alma, corazón o con cualquier título) cuando le dedico una poesía. Me gustaría dedicarle una a Moscú.

Ann. dijo...

Tendrias que haber ido a Ucrania.
Las rusas y ucranianas fuera de estos paises nos dejan mal paradas a las demas.
El ruso no es tan complicado, cuando quieras te enseño unos basicos.

Llar dijo...

Pura envidia..
Dicho está..


Tengo una duda..
Como le fue con la afiliacion al partido Comunista?..



(no sé muy bien como cai al blog, pero seguramente me siente..)

Anónimo dijo...

LLeguè desde La Peleadora...

Me gusta mucho viajar y Moscù, junto con el transiberiano son uno de mis destinos soñados, tu relato me hizo sentir ese vèrtigo de viajar, te prefiero al Travel, me gusta como relatas.

Tuve una aventura horrible en un taxi en Paraguay y no me quedò màs que tirarme de êl en marcha, esa es una desventaja de ser mujer y viajar sola, aprovechè que disminuyò la velocidad para doblar. En todo caso lo malo no son los paìses sino cierta gente en ellos.

Isa

Horacio dijo...

che qué bueno eso de estar en pedo después del mediodía todos los días

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