Estimo que el título del post no debe ser una novedad para nadie, así que procedo con mi relato.
Hace exactamente dos años atrás, me encontraba de visita en la hermosa ciudad de Lima. Una gran amiga de la localidad me había organizado un "chow" acompañado de músico local.
Como me sucede a menudo cuando toco, al terminar, me siento un rock-star. Me lleva un rato bajar de la nube y volver a la tierra. Creo que un aterrizaje es siempre más peligroso que un despegue.
Habíamos terminado de tocar y se estaba armando el post. No recuerdo bien cómo, pero acompañé a una hermosa señorita a comprar cigarrillos a la avenida Miraflores. Ella halagaba mis dotes musicales mientras yo la escuchaba caminar.
Casi de imprevisto, el relato tomó centro en su experiencia, y me dijo que en un momento de la noche, una canción, una mirada, le habían hecho recordar tristemente a su novia, que la había abandonado no hace mucho. Yo, sin pensar en consecuencias ni mediar palabra, obviamente sin pensarlo demasiado, me detuve y la abracé. Apenás la conocía.
Ella no pudo negar la sorpresa, pero tampoco pudo negar el abrazo. Después de unos segundos, continuamos caminando como si nada hubiera sucedido.
El resto de la noche es intrascendente. Volví a mi papel de idiota como de costumbre y arrinconé a una belleza colombiana con promesas de amor eterno.
Unos días más tarde, recibo un mail, una línea, sólo el subject: gracias por tu abrazo.
Como algunos de ustedes saben, me encuentro nuevamente de viaje. No me envidien por favor que me hacen caer el cabello.
Si hay algo que me sorprende de los idiomas y de las formas de hablar, son las frases hechas que cada cultura, nación, pueblo, o región adoptan para trabajar.
Personalmente creo que hay dos que vale la pena mencionar y a las cuales les veo difícil traducción a nuestro criollo:
En USA "to make it happen"... algo así como "hacerlo suceder" o "hacer que [algo] suceda". No es genial?! Me encanta. Nos hace enteramente responsables de que algo suceda o no.
En la bella Italia "darsi da fare". Vendría a ser como "generarse trabajo" o "encontrar algo para hacer". También me parece genial! Me la repetía mi jefe cuando me veía al pedo...
Moscú tuvo de todo. Como debe ser para una ciudad de su magnitud: la más grande de Europa, una de las más antiguas, y el destino más lejano al que he arribado desde mi querida Buenos Aires.
Moscú tiene historia, y mucha. Capital política y cultural del mundo durante el siglo pasado, hoy una ciudad dinámica, rica y cosmopolita.
Moscú ciudad heroica en varias oportunidades, ciudad revolucionaria, ciudad quemada, ciudad perdida.
Moscú ciudad de la guerra y del dolor, de la mafia y de la belleza inagotable de sus edificios. Moscú cansadora y constructivista (gracias M. por el dato).
Llegué a Moscú con el tren nocturno desde San Petersburgo. Mi primera batalla la libré contra el metro. La red de metros de Moscú es impresionante (e impresionista). Casi 150 estaciones, con obras de artes, en doce líneas y profundas lo suficiente para resistir un ataque nuclear.
Me costó un poco orientarme, así que recurrí al viejo mapa y pregunta. Nadie habla inglés, la mitad de los hombres están borrachos después del mediodía y las mujeres no te devuelven ni la mirada.
Una vez llegado al hostal, repetí mi ejercicio habitual: caminar sin rumbo por la ciudad. Caminé tanto que me olvidé de comer en todo el día. Tomé fotos y regalé sonrisas por doquier. Me devolvieron una sola. A mi me bastó.
***
El segundo día arranqué con los imperdibles, Plaza Roja, San Basilio, Kremlin, Mausoleo de Lenin y su biblioteca. Por la tarde fuimos con Vera (mi amiga siberiana) a una plaza monumental que recuerda la gesta heroica de la ciudad en la batalla de Moscú durante la segunda guerra mundial.
Ese viernes por la noche, casi por accidente, decidí salir a dar una vuelta. En un momento me encontraba rogándole al gigantón ruso de la puerta de una disco copetuda que bajara sus estándares y me admitiese. “No”, me repetía “we have dress codes”. Que traducido significa algo así como “retírate, mugre”. Ok. Estoy de viaje, me había bañado, pero mi ropita de marca no se ajustaba al lugar.
Recurrí a mi arma más poderosa: la sonrisa. Le disparé unos doscientos “por favor” (en ruso), hasta que el pibe fue a consultar y finalmente me dejaron pasar.
No suelo frecuentar este tipo de lugares en mi ciudad, pero hacerlo fuera es una experiencia recomendable. Ver como invierten el tiempo libre los locales no tiene precio.
La mayor parte de la música era disco y tecno local. El DJ cada tanto la detiene y la gente canta, mientras bailan los mismos pasos. Mesas alrededor de la pista. Me hizo recordar a alguna otra capital Europea. Algo sorprendente: todas las mujeres dejan su cartera en el mismo lugar.
La humanidad esta condenada al fracaso. Admitámoslo.
***
El último día me levanté deshecho. Preparé las cosas para un empacado rápido y volví al centro a visitar más lugares y a repetir algunas fotos en la Plaza Roja. En el centro de la misma se encuentra el Mausoleo de Lenin. Por estos días se discute si debe permanecer aquí o lo trasladan. Un tema polémico.
Luego fuimos con Vera al parque cerca de la estación Kolomenskoye. Alberga diversas iglesias y mausoleos y es el paseo de fin de semana más cercano a la ciudad. Además había un festival de música y probé panqueques con caviar. Luego paseamos por la Plaza Roja (me encanta ese lugar) para verla iluminada de noche. Fascinante.
Sin embargo, Moscú casi me despide mal. Había reservado el transfer al aeropuerto en el hostal pero los muy ineptos no lo hicieron. Me vi forzado a salir a las corridas en búsqueda de un taxi a las 4 de la mañana y a contra-reloj. Fue imposible. Finalmente la recepcionista, quien me acompañó hasta la avenida, detuvo a un auto cualquiera y le pregunto si me llevaba al aeropuerto Demodovo por mis últimos 800 rublos (ya que ni siquiera me pudieron devolver el dinero de la reserva).
Analicemos detenidamente la estupidez que acababa de cometer: estando completamente solo, en una ciudad grande, peligrosa y desconocida, donde no hablo el idioma y nadie habla inglés, me había subido al auto de un absoluto extraño. Para empeorar las cosas, el sujeto manejaba como un descerebrado.
En un momento me doy cuenta de que mi puerta se encuentra trabada y que, habiendo él subido mi ventana, la calefacción estaba al máximo y un poderoso olor a nafta subía por las ventilaciones de mi lado. Me comencé a marear e inmediatamente me aterroricé. Había cometido una descomunal imprudencia. Mi chofer estaba loco. Y si yo me quedaba dormido, estaba listo.
Francamente fue la peor situación que me ha tocado vivir. La resumí, ya que el viaje duró unos 45 minutos. Creo que nunca antes había sentido tanto miedo.
Reaccioné como pude, bajé mi ventana, disminuí la calefacción, cerré mis ventilaciones y le bajé de prepo la música. Asomé la cabeza para respirar aire fresco. Prendí el GPS y confirmé que fuéramos en dirección al aeropuerto.
El muy hijo de puta inmediatamente se dio cuenta de que yo sabía que algo no andaba bien. Intentó cerrar mi ventana y comenzó a hacerse el simpático en ruso. Estaba completamente desquiciado y yo estaba a su merced.
***
Hice una peligrosa jugada. Violencia con violencia se paga. Le apagué la radio, le apagué la calefacción, bajé mi ventana y en un muy claro inglés, uno que hasta un mogólico como éste entendería, solté con una sonrisa amenazante y lentamente: “vos me vas a llevar al aeropuerto, está claro?”.
No supe que funcionaría hasta que funcionó. Llegué al aeropuerto sano y salvo, mareado, posiblemente intoxicado y asustado hasta las rodillas. Tomé mis cosas y apreté el dinero en su mano. Me fui sin mirarlo.
Una vez dentro del aeropuerto, pude tomar un café y calmarme. Además el aeropuerto, al igual que la hermosa Moscú, estaba lleno de chicas lindas.
Despierto. Un sugerente aroma mezcla de sueño, vodka y perfume de mujer, me recibe en mi regreso al mundo consciente.
Abro los ojos lentamente intentando preservar el conjuro. Una habitación desconocida, un sofá cama con tres pares de piernas y las paredes de un pasado comunista.
Katerina respira apaciblemente a mi lado. Casi instintivamente, como un reflejo, beso su espalda con delicadeza. Yulia hace equilibrio para levantarse. La oigo ir hacia la cocina, prender la radio y un cigarrillo. No se que hora es ni donde estoy. La joven Katia me regala una sonrisa de buenos días.
¿Cómo diablos llegué hasta acá? me cuestiono. Recuerdo que después del concierto fuimos a un bar. Como algunos sabrán, tuve la fortuna de tocar en San Petersburgo. El bar se llamaba, “Fidel”. Había música fuerte, alcohol, humo y mucha gente. Alguien propuso ir a “The Roof”. Yo accedí cansado.
“The Roof” (el techo), no era una discoteca o Pub como creyera al principio. “The Roof” significa irrumpir con sigilo en un edificio cualquiera y llegar al techo. Mijail subió a una ventana, y desde allí bajó para abrirnos la puerta. Trepamos, tomamos unas cervezas, sacamos fotos, Anna tocó la guitarra y fuimos caminando media ciudad hacia la casa de la abuela de Yulia, donde seguramente inicié este relato. Nos fuimos acostando sin orden ni moral.
El concierto estuvo bien. El ángel Yulia había hecho el contacto con el lugar días previos a mi llegada. El sonidista no hablaba otro idioma que ruso y no puede explicarle que las luces me estaban quemando los ojos y que el retorno me iba a dejar sordo.
Siendo la primera vez que tocaba frente a un público totalmente desconocido, quedé satisfecho. Estimo que ellos también, al menos así lo dijeron. Yulia cargó mi guitarra y con sus amigos me propusieron ir a un bar llamado “Fidel”.
***
Todo el día martes, día del concierto, lo pasé con Nikita. Siempre pensé que era un nombre de mujer, pero no. Nikita es el hijo de Nastia.
La primera mañana del martes estuvimos una hora esperando para acceder al Hermitage, la joya de San Petersburgo. Antigua residencia de los Zares convertido en museo y patrimonio de la humanidad. Imperdible.
Luego por la tarde subimos a la cúpula de San Isaac, para las horribles fotos panorámicas y para enamorarme perdidamente y durante 5 minutos de una rubia. Caminamos la ciudad y charlamos.
Reconstruyendo del final al principio, recuerdo entre fragmentos que hace dos días bajé del avión que me trajo desde Estocolmo. Me produjo un placer inmenso cuando sellaron mi pasaporte. En la angustia previa, temía que la oficial me deportara a Siberia por alguna razón que no comprendería.
Tomé el Bus K-3 destino San Petersburgo Sennaya y 200 metros más tarde, en un departamento roído por la alegría, me recibió mi amiga Anastacia con su familia.
Nastia me ofreció un te, fumó un cigarrillo y llamó a su amiga Olga; baila tango, ama mi ciudad y quería conocerme.
Ola me paseó en un auto post-comunista (Lada para ella era un insulto a la tecnología) por el centro de la Ciudad. Vimos todos los edificios importantes desde afuera, caminamos, tomamos fotos. Cenamos en un restaurante que servía comida rusa, tomamos mors y yo comí pelméni.
El miércoles, deshice el camino desde la casa de la abuela de Yulia hasta lo de Nastia y fuimos con Nikita a una exposición de fotos que se realiza en Proyecto Loft. Allí trabaja su novia. Es un complejo de cuatro pisos que alberga un centro cultural, un restaurante y un hostel en una vieja panadería.
San Petersburgo es una ciudad animosa, sincera y recoleta. Podría vivir acá si la nieve del invierno no te impidiera caminarla. En verano, simplemente podría morir.
Segunda parada de mi Tour de verano. La capital de Suecia, Estocolmo.
El primer día lo dediqué enteramente a caminar, a respirar la ciudad. Sin agenda previa ni destino cierto. Así me gusta volver a mi esencia urbana después de tanta vida natural en Islandia. Caminar sin mirar adónde, detenerme donde me venga en gana, tomar un café, leer mi libro, mirar a la gente.
Estocolmo es hermosa, sobre todo si uno tiene la buena fortuna de visitarla con sol. La arquitectura, la armonía de las formas, Gamla, los parques; 14 islas y el mar por todos lados.
Si pudiéramos clasificar a las ciudades en "femeninas" y "masculinas", entonces Estocolmo sería sencillamente gay. Eso o el hecho de que en estos días se festeja el orgullo gay en la ciudad y ese espíritu está presente en cada rincón. Supe además que también se celebraba el festival de tango de la ciudad.
A esta altura, con todo lo que he caminado, bebido y vivido en estos días, no me pidan que recuerde un nombre. Se que hice la tarea, visité los imperdibles.
Le saqué mil fotos a la escultura que está fuera del Konserthuset ("La casa de conciertos")
Al día siguiente de haber llegado arranqué con las actividades del turista apresurado. Primero fui al centro, luego caminé por la isla de Djurgården, visite el museo al aire abierto de Skansen.
El museo nórdico es imprescindible. Seguramente la silla en la que estas sentado ahora leyendo esto, es un diseño sueco copiado.
Luego fui al Vasa Museo, donde se encuentra el tesoro de igual nombre. Es el museo más visitado de toda Escandinavia y alberga un buque del siglo XVII.
El almuerzo y cena de ese día, en la plaza frente a la Academia Sueca. La salida de la noche, bares y traguitos en Stureplan.
Según recuerdo, el domingo visité el museo de Arte Moderno, otro imperdible. Además de la exposición permanente, había una Expo de fotografía muy interesante.
Luego, el Museo Nacional de Bellas Artes (Rembrandt, Rubens, Goya, Renoir, Edgar Degas, Paul Gauguin, Carl Larsson, por citar algunos).
Finalmente pasé por el Museo de la Ciudad, el cual recopila documentos, maquetas, fotografías y demás, relacionados con la historia de la ciudad y su desarrollo.
Estocolmo era una deuda. Mi necesidad de conocerla no fue satisfecha, solamente sublimada por el momento.
Sepan disculpar la terrible falta de atención que le estoy prestando a mi blog y a sus lectores. Durante la última semana me dediqué a recorrer la fabulosa Islandia junto a mis amigos Thomas, Julia y Jeanine.
Después de visitar la Wikipedia, podremos decir algo más sobre esta maravillosa nación, porque me resulta imposible poner en palabras mis sensaciones y un par de datos obvios ayudarían primero.
Hecho esto, deseo agregar: cuna de Björk; un país sin ejercito, la policía no porta armas, donde todas las propinas están incluidas, donde se aceptan tarjetas de crédito en todos lados y por cualquier suma de dinero (me fui sin conocer las coronas islandesas) donde todos hablan inglés y seguramente algún otro idioma. Donde la belleza de sus mujeres compite con el casting para un film de Woody Allen.
Un derroche de buenos paisajes rebalsándote las retinas en 360 grados. Una mañana cálida y un sol que no duerme en verano, el viento frío del norte trayendo gentiles gotas de lluvia a cada rato. Una de las geologías más jóvenes del planeta.
Llegué después de un largo viaje desde Buenos Aires, pasando por Atlanta y Nueva York. Dormí la primera noche en Reykjavik para salir al día siguiente en un vuelo charter a Höfn, donde en sentido antihorario comenzó mi tour.
En el parque nacional más grande de Europa, el Skaftafell, recorrimos el glaciar más extenso de la isla y el tercero del mundo, el azul y blanco brillante Vatnajökull, desde donde se puede apreciar el pico más alto de la isla, el Hvannadalshnjukur (2111 y bajando).
Si mi memoria no falla, continuamos nuestro recorrido hasta el bellísimo, bohemio, pintoresco y multicolor poblado de Seydisfjördur, donde con Thomas emulamos a los esquimales viajando en kayak.
El 27 de agosto, en viaje hacia el poblado de Myvatn visitamos Dettifoss, la caída de agua más caudalosa del viejo continente. Impresionante. Seguimos el camino de los fiordos.
Visitando diversas formaciones volcánicas, playas y desiertos, el martes 28 de Julio arribamos finalmente a la segunda ciudad del país, situada en una bahía sobre el extremo norte de la isla, la elegante Akureyri. Previamente hicimos una parada en Husavik, donde nos embarcamos para el avistaje de ballenas (el que hice en Madryn estuvo 5 veces mejor).
El miércoles 29 de Julio, después de recuperarme del licor de graduación 60 (había uno de 80 pero no me atreví) arrancamos hacia Grundarfjödur, pasando por playas de arena oscura.
El jueves fue un día emocionante para mí, ya que arrancamos temprano, visitamos playas, fiordos y un desierto de lava, antes de que mis amigos alemanes me soltaran en Borgarnes, desde donde con mi guitarra al hombro arranqué para Reykjavik.
Al llegar, me esperaban Marie, Alice, Hjörtur. Con menos de una hora de ensayo armamos el ensamble experimental "Alice's Wonderland" y nos presentamos esa misma noche en el Café Cultura de Reykjavik. Era la primera vez tocaba frente a un público que no fueran amigos. Había imaginado una noche de descoque posterior al show, con 4 ó 5 fanáticas desnudas en la habitación de hotel. Sin embargo, las cosas salieron mejor de lo planeado. No me pidan detalles. =)
Que fuerza poderosa es el amor, verdad? Siento que su perfume me persigue.
No tuve tiempo en la semana para postear nada, así que a riesgo de postear una cagada, les cuento esto.
Estoy de viaje por trabajo en Chicago, IL. Algunas menciones:
El viaje bien, llego al desk de migraciones en Miami, el "oficial" que me recibió me mató a preguntas... Todo bien, cuando estaba por sellarme, le da una última mirada a mi pasaporte y encuentra el visado de Egipto (letras en árabe). Con cara de "eh, eh, paren todo" me pregunta: "Porqué motivo fue a Egipto"... ahh.. algunos americanos son tan graciosos, sir...
En America, todo es GIGANTE. Especialmente si estás fuera de una ciudad grande, como en mi caso, a unos 50 km. Las tabernas, los autos, los platos. Cuidado con pedir algo que comienze con Big, o Super! El martes terminé comiendo medio cerdo por no preguntar...
De las mujeres que peor bailan (alemanas, inglesas, por ejemplo) las americanas son las más divertidas, sin duda. Ayer pasamos la tarde escuchando Live Funk en el Navy Pier de Chicago. Y si, me enamoré tres veces en 15 minutos... No jodan, me pasa todo el tiempo... y el que crea que esto se contradice con mi post anterior, no entiende nada...
Starbucks es una compañía tipo Mc Donalds, ok? Explota a los campesinos que producen café, les paga una miseria a sus empleados, están por todos lados... una mierda. Sin embargo, un Frapuccino Caramel vuelve insensible a cualquiera.
Bueno, esto por ahora... estoy tratando de conseguir el Doki para mi sobrino y viendo de que la va esto. Tengo un montón de ideas para compartir pero poco tiempo.
Mis últimos días de viaje la pase en la fascinante ciudad de Lisboa, en Portugal.Hace tiempo que tenía ganas de conocerla. Calles de Soares y de Alvaro de Campos.
La comida, el pan, el vino.
El fado.
La vista desde la torre de Ulyses en el Castillo de San Jorge.
La Baixa, los bares del Barrio Alto. La torre de Belém
La última noche dormí en Londres. Si alguien encuentra un hostel más barato y más copado que The Generator, le pago una cerveza.
El miercoles me recorri todas las piramides que rodean a El Cairo.
Salimos bien temprano del hotel con otra turista francesa, Florence, que se hospeda tambien en el hotel Berlin. Nuestro chofer Ajmedh arranco para Giza, primer destino.
La piramide de Cheops es sencillamene gi-gan-tes-ca. El conjunto lo forman otras piramides igualmente grandiosas, pero la primera te roba los ojos. La esfinge tambien merece merito.
Luego salimos para Dahrfhur, donde entramos a la piramide. Mucho para arriba, mucho para abajo. Toda una experiencia. Despues pasamos por Saqqara, donde Imothep construyo la primera piramide, la escalonada.
El calor, en invierno, es casi agobiante. No me quiero imaginar lo que debe ser en verano.
Memphis es un fraude, de la ciudad de los reyes no queda mas que un sincero pedazo de Africa, como toda las afueras del Cairo. Solo se salva la monumental estatua de Ramses II.
Luego el jueves camine toda Alejandria. La otrora poderosa ciudad de Ptolomeo, de Alejandro, del faro y de la bilblioteca, conserva su historia en los mitos y los poemas... ya que de esa ciudad, no queda nada.
El faro se cayo en un terremoto, en su lugar un cierto Califa construyo una fortaleza (vale la pena la recorrida). La biblioteca se quemo. Es decir, llegue como 3.000 anios tarde.
El viernes lo dedicamos al Cairo islamico, el mercado. Que divertido! Es increible ademas la calidez de los egipcios. Ok, hay mil tipos tratando de venderte algo, pero donde no?
Todavia no subi mis fotos. Escribo esto desde un cafe en Lisboa.
Que divertido El Cairo! Hoy viaje en metro, cuesta nada pero viene atiborrado de gente. Ademas es bastante dificil orientarse y casi nadie habla ingles. Ojo con los vagones solo para damas.
Luego visite el museo egipcio. Es impresionante. Gracias a Dios encontraron a Tutankamon y lo exponen... pobre.. un bajon... imaginate que alguien llega a tu casa 3000 anios despues y te lleva todo a un museo.
Por la maniana tenia que ir a la estacion de tren a comprar mi pasaje a Alejandria. Detuve como 5 taxis, nadie entendia ingles. Llevo conmigo escritas en arabe la direccion del hotel y algunas frases utiles. Ayudo la sexta vez. El tema ahora era el precio.
Una importante regla de seguridad es: nunca aceptes ayuda de extranios amistosos. Se me acerco un taxista que se ofrecia llevarme por u$s 10 (ningun viaje cuesta mas de u$s 2). Intente regatear pero nada. Asi que me fui.
Un paisano que observaba la escena me dijo "amigo, yo te llevo gratis si vos me compras cigarrillos y whisky en el freeshop". Le dije que no. Discutimos un buen rato, ya saben. Detuvo un taxi, me monto arriba y salimos.
Ya sobre el taxi, con el paisano sentado adelante, miro de reojo al conductor, quien me observaba con triste condescendencia. Le pregunto si habla ingles "si". Bueno, cuanto me cobra hasta la estacion de tren? Comienza una discusion entre mi guia local y el taxista, en arabe por supuesto. Finalmente fastidiado el taxista me dice, dos dolares. Listo, obtuve el taxi y llegue sano y salvo.
El problema es que el paisano insistia en que lo ayudara a comprar alcohol en el freeshop "para su hermana". Me seguia, me ofrecio llevarme por un atajo a la estacion (imaginen que el taxi los deja en Av. Libertador y este buen hombre los quiere hacer caminar por el costado de Retiro).
"Basta, no me siga. No le voy a comprar nada, ok?"... Me responde con un "Hey my friend"...
Antes de dejarlo hablando solo, le pregunto: "Cual es su nombre amigo?".
La vida es una ironia. El paisano me responde: "My name is MENEM".
Me estoy muriendo del cansancio, me voy a dormir. Me camine medio Londres, se me parten los piecitos. Ademas unas 4 pintas de cervezas son muchas para escribir algo coherente e interesante. Prometo una cronica mas interesente desde una pc que tenga acentos.
Después de algunos problemitas técnicos, he logrado recuperar gran parte de mis escritos durante mi viaje y estadía en Europa en el 2001.
Ha significado un interesante ejercicio la relectura y una catártica tarea la edición de estos textos. Es increíble el cambio de estilo que se observa durante los últimos 7 años.
Dando por admitido tiempo atrás que soy aburrido, así lo es mi escritura. Cuando joven, creo que las cosas que escribía eran divertidas, y mucha gente me lo hacía notar (ahora sólo recibo amenazas). Además, se difundían por mail, en ausencia del actual blog (creo que tampoco existía legislación sobre el spam… caso contrario…)
Poseedoras de un modo más directo y menos cuidado, para quienes dispongan del tiempo y las ganas, los invito a leer mis graciosas anécdotas de viaje.
Me pareció oportuno crear una nueva categoría ya que son muchas historias. Las agrupé en seis post, según las estaciones del año que pasé: invierno, primavera y verano (no, no es cine japonés). Atención ilusos que van de atrás para adelante y las primeras son las mejores!
¿Qué es un viaje sino un estado del alma? Dicen que para conocer nuevos lugares, no hay que enfrentarse a otros paisajes sino tener nuevos ojos.
El viernes por la madrugada salí desde Milán con dirección a Viena, con más preguntas que respuestas, pero con las infaltables ganas de ruta.
Fue una noche larga. Un cielo claro y estrellado se movía sobre mí y dejaba vagar una encantadora metáfora que vino a mi cabeza. Viajando tuve un momento de paz, casi de plena felicidad, en medio de la nada, en el medio de la ruta y de la noche.
Debe haber sido la falta de sueño y la música, o algún efecto secundario del té, pero lo cierto es que atravesó mi mente una simple alegoría del tiempo. Nuestra vida es como un cielo lleno de pequeñas estrellas que son momentos de armonía y paz, o simplemente momentos especiales: el interminable abrazo que me diste en una plaza, el amigo que pasó el domingo cuando más lo necesitábamos, los brazos de mi sobrina en el aeropuerto, un llanto interminable, un desayuno con mis hermanas, la noche que llegaste a mi casa por sorpresa mientras dormía, un paseo por las calles de tu barrio, un almuerzo con mis abuelos, un libro que terminé, un libro que no quiero terminar, un atardecer en Fiésole, un buen mate una tarde de sol, un café en una tarde de lluvia, un tren que corrimos, un rato con las personas que quieren bien a aquellos que yo quiero bien, los ojos que no quise mirar, la tarde que me llamaste, la noche que esperé que nunca me llamaras, la cuarta vez que dijiste que no, la segunda vez que dijiste que si, alguna lágrima que cayó, una cerveza con mi papá, alguna buena charla, algún beso que robé, alguno que me dieron por sorpresa, el consuelo de quien supo estar allí cuando ni siquiera yo estaba allí, talvez esta soleada mañana en Viena, y una interminable lista de etcéteras que cada uno tendrá como tarea.
¿Cómo cierra mi metáfora? Simple, cíclicamente pasan los días y las noches. Cuando se hace de día, una estrella, la más cercana de todas ella, ilumina tan fuerte que nos hace olvidar a las demás que también cubren nuestro cielo, aunque ellas sigan allí, escondidas. Luego la noche cae otra vez, y ese astro que nos alumbraba y nos daba calor desaparece, pero no debería haber nube que nos impida verlas a todas. Hay noches claras y noches cerradas, y mi vida es una noche clara (otro día les cuanto qué vendría a ser la luna). “Si lloras porque se ha puesto el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”.
El crepúsculo me encontró a mitad de camino, atravesando valles alpinos, pasando la frontera. En Italia las autopistas se pagan en cada peaje, normalmente a la entrada y la salida de ellas. ¡Ingenuo yo, que pensé, al no encontrar peajes en Austria, que las autopistas debían ser gratis! No, no lo son, y les recomiendo no parar en las áreas de descanso, te sacuden con 120 euros.
Una vez cerca de Viena llamé a Doris, algo así como una prima de mi buen amigo Thomas. El caso es que ella creía que yo llegaba desde el oeste, mientras que lo hacía desde el sur, desde Udine. Hasta que logramos aclarar ese punto, en tres idiomas, había paseado dos horas perdido por las afueras de la ciudad.
Si les había contado que uno no puede no enamorarse de París, ¡que decir de Viena! Es algo así como una hermana menor, más joven y más bonita. Imperial, majestuosa, moderna, hasta un poco arrogante diría, pero con todo mérito. Indudablemente una de las capitales más encantadoras de Europa.
Paseamos, pude conocer el Museo Freud, como estaba prometido, hicimos un poco de noche. Podrán apreciar en las fotos más de lo que yo podría poner en palabras.
Bueno, la mañana despunta con un clamoroso sol de primavera, hoy martes es feriado en Italia, así que me quedé aquí cuatro días. Voy a cerrar esto como de cómo de costumbre, diciendo que me encuentro bien, a la tarde regreso a Milán. Gracias a lo que leen. A los demás les deseo el cuarto infierno de Dante (no, es broma, pero ellos nunca lo sabrán).
Seguimos levantando viejas entradas no comentadas. Para leer en la oficina con 30 grados y un centro que se derrite. Sls.
Hola a todos después de un largo silencio. Mi blog ya se puede considerar en coma, ya no le presto ninguna atención desde hace más de dos meses. Mejor es quedarse callado cuando no hay nada interesante que escribir.
Para contarles novedades, al regreso de Buenos Aires, recibí la visita de Martín, con quien emprendimos un largo giro por Europa.
Lo fui a encontrar a Roma, a donde llegaba su avión. Estuvimos allí dos días, vimos aquello que nos quedaba por ver: catacumbas y algún foro.
Para pasar por el mítico Monasterio de Monte Cassino salimos en dirección a la península Sorrentina (o viceversa), donde hicimos noche en la ciudad que le da nombre. Una de las salidas más bizarras de los últimos tiempos cerró la noche.
La mañana siguiente metimos el cuero bajo el sol de la Costa Amalfitana, en la ciudad de Positano. Sin comentarios. Por la tarde visitamos las ruinas de Pompeya y avanzamos hacia Nápoles. Llegamos al hostel luego de haber observado una especie de caos no bien conocida: el tráfico napolitano. Anécdotas al por mayor: motos que cruzan en rojo (insultando a los que pasan en verde), el espacio que le dejamos a una ambulancia ocupado por otros autos, los corajudos peatones que sin más ley que la ley del destino se lanzan a cruzar, una exagerada vuelta en “u” delante de la policía, etc., etc.
Otra buena salida nocturna, una interminable caminata y las chicas más simpáticas de Italia. Nápoles me llenó la cabeza de historias, ya las contaré otro día.
Esa tarde salimos para Roma. Hicimos una pausa para bañarnos en el mar. Llegamos con tiempo para tomar algo en la “Piazza dei Fiori”. Dejé a Martín y emprendí el regreso a Milán. El fin de semana siguiente lo fui a encontrar a Ginebra, en Suiza. El domingo por la tarde nos despedimos en Lausane.
Retomamos el intenso giro cinco días más tarde desde la misma ciudad, a donde llegué el viernes por la noche. Otra salida épica, donde nuestro magnético baile logró contagiar de alegría a todo el subsuelo de la taberna “El décimo tercero”.
Al día siguiente salimos en dirección a Bruselas, donde nos deberíamos alojar. Por motivos que omitiré, llegamos demasiado tarde. Pasamos la noche en el auto en camino a Ámsterdam. Luego de dormir en el vehículo, lavarme los dientes en la estación de servicio y ser despertado por turistas en tránsito, comprendí a que se debe el proliferante negocio hotelero.
Subidos a dos bicicletas paseamos junto con Darío y su prima Julia por las calles y canales de Ámsterdam. (No quería dejar de mencionar que llegando por la autopista, pasamos por debajo de un velero y de un avión.)
Esa noche, finalmente dormimos en casa del padre de Darío en Bruselas, argentino, exiliado, músico y tanguero (el orden de los adjetivos no tiene ninguna importancia).
Si mal no recuerdo, el lunes paseamos por Brujas y Ostende, donde vimos caer el sol en el Canal de la Mancha. Al día siguiente otro interminable paseo por Francia, visitamos Reims, una pequeña ciudad de la cual no recuerdo el nombre y llegamos a Lyón.
La ciudad de Lyón nos vio terminar esta tercera parte del viaje como la habíamos comenzado: durmiendo en el auto después de otra jolgoriosa noche de copas.
Basta. No podía volver a dormir en el auto. Salimos camino a Milán, cruzamos los Alpes por el Paso del Frejus y esa tarde llegamos a mi casa. Martín se quedo hasta el sábado. Aprovechamos para pasear por la capital lombarda.
Aunque no lo crean, intenté resumir la mayor parte de este relato.
Seguimos con les refritos. Este es de Julio del 2006.
Hola a todos (los que leen!):
Debo excusarme por la falta de atención que pueden percibir en mi página. Sepan entender que tengo buenas razones y que las comprenderán al leer estas líneas.
Las últimas semanas han sido algo complicadas, de mucho y buen trabajo. Con un colega de Festo hemos estado dando un curso en las filiales. Ha sido muy productivo a nivel personal y profesional. No es fácil hablar delante de mucha gente, e imagínense hacerlo en otro idioma.
El sábado 13 he recibido la visita de Lu (que sale con Ucci, que sale con Ati), quien trajo consigo retazos de Argentina y unas ansiosas ganas de recorrer. En efecto, salimos juntos a dar un pequeño giro de 10 días por Italia.
Arrancamos caminando la histriónica Milán. Sin dudas no se encuentra a la altura de los demás destinos turísticos, una bonita ciudad que peca de superficial si la comparamos con Florencia o Roma. Aquí vimos el Castello Sforzesco, el Duomo, el centro histórico y algunos locales comerciales.
El lunes 15 salimos en dirección sur, por una ruta ya conocida, parando en la primera de las “Cinque Terre”, un pintoresco balneario de la costa de la Liguria. Mate en la playa y un poco de autopistas italianas.
Esa misma tarde vimos inclinarse la sombra de la Torre de Pisa mientras apurábamos Florencia, a donde arribamos por la noche sin lugar para dormir. Esta imperdonable falta de previsión terminó en una pensión cercana a la Estación central, donde “Dientes Negros”, la encargada de la noche, nos recibió.
Con alguna dificultad nos acoplamos al movimiento turístico de la ciudad, cumpliendo en tiempo y forma los deberes florentinos, Duomo, Campanario y Baptisterio. Luciana visitó la “Galleria degli Uffici” mientras las calles que me supieron ver allí 5 años atrás me daban la bienvenida. Ponte Vecchio, Piazza Della Signoria, Accademia y otros destacados destinos cerraron dos días de intenso caminar.
El miércoles 17 al mediodía salimos con dirección a Roma, parando en Siena y con las infaltables ganas de ruta por la Toscana.
Roma ciudad eterna, cuna de la civilización occidental, hija del hijo de la loba, madre de lo bueno y de lo malo, nos vio llegar nuevamente sin reserva y nos castigó merecidamente con una terrible pocilga. Corrimos al Vaticano despuntada la mañana y visitamos asimismo la Capilla Sixtina. Sin palabras.
Al día siguiente hicimos el resto del tour subiendo y bajando del micro para turistas apurados e ingeniosos. Comenzamos por el Coliseo y los Foros y no quedo destino principal sin conocer, incluyendo algunos que honestamente no valían la pena. Roma gobierna.
El sábado 20 fue otro día largo y rutero. Arrancamos temprano parando en Alba Adriática, sobre el mar que le da nombre. Un poco de playa y otra vez en camino. Nos confesó el mar que ese día me haría volver a Urbino, hermosa ciudadela medieval ubicada a unos 60 kilómetros de la costa, casi increíble. La fortaleza ducal merece una mención especial, y el dedo gordo de L. que termino “de cabeza” contra la piedra de una de las tantas empinadas callejuelas que tejen la ciudad.
Luego llegada la tarde, por las colinas de la Romaña, alcanzamos la República de San Marino.
Repito, una vez fuera de tierra italiana, no sabe uno donde está. Sostengo que San Marino es un sueño, creo que no existe, que solamente quienes han estado allí conservan el “deja vù” de haberla conocido. Intentamos las fotos de rigor desde el peñón con vista al mar, pero el viento castigaba más que el hambre y hubo que seguir viaje con objetivo Venecia.
La primera vez que visito Venecia. Sabemos que no es difícil para un hombre calculador moverse en la incertidumbre… pero la falta de información sinceramente me quita el sueño. Bueno, después de todo llegar no es tan complicado. Se arriba en auto hasta los silos de estacionamiento, después de haber cruzado el puente que une la ciudad con tierra firme. Una vez dejado el vehículo se camina por callejuelas rodeadas de canales. El hostel estaba en el Campo Margarita, lo encontramos sin problemas y nuestro anfitrión Amehd nos mostró porque este último hospedaje les ganaba por robo a los dos anteriores.
No hay foto, lectura o postal con la cual enseñarles Venecia. Venecia se es, si uno está listo para serlo. Venecia no se visita. Si uno esta preparado, Venecia te visita cuando llega el momento justo. Repetimos los papeles de rigor, caminamos como condenados, paseamos en góndola, asustamos a palomas que asustaron a gente que compraron cualquier baratija de vidrio de Murano.
Volvimos a Milán el lunes por la noche, ya que el martes y el miércoles, a desgano, tuve que trabajar. L. aprovechó para visitar Génova y caminar Milán (algunas fotos expuestas, adiós derecho de autor). Ayer por la tarde hicimos el aperitivo en “Living”, glamorosa pulpería del parque Sempione y luego fuimos a ver a “Belle & Sebastian” banda galesa, recomendada.
Confieso que he caminado, estoy cerrando esto ahora para no darle el gusto a mi maldita memoria de llevarse los nombres y las ciudades. Como es costumbre, sólo deseo agregar que estoy bien, hubo Argentina en casa y los tres kilos de yerba mate no me dejan mentir.
Originalmente del 15/07/06. No tolero entradas no comentadas.
Hola a algunos:
Se que no estoy escribiendo con la exacta frecuencia que ustedes se merecen, debo excusarme en función de la sincera falta de ganas de hacerlo. Dicho esto pasaré a contarles detalles de mis últimos viajes.
Después de haber conocido París, no he materialmente visitado otros lugares, con excepción de una salida de domingo al Lago Mayor, cerca de Ancona, a donde fuimos con Luca y Sissi a pasear una tarde.
Los otros viajes han sido musicales, y como creo que mi patria es la música, meritan la misma o mayor atención que aquellos viajes físicos. No estaban planeados, pero si estaban inconscientemente deseados, y sabemos que muchas veces no siempre sucede aquello que uno planea, sino aquello que uno desea, y al final no podemos discernir que será mejor, si planear lo que se desea o desear lo que se planea, ya que no siempre van de la mano estos gestos tiranos.
Primero estuve en “Ballad of the broken seas”, último trabajo de Isobel Campbell (chelista de Belle & Sebastian) y Mark Lanegan (también con un vasto currículum a cuestas). Un paisaje excepcional, con aires de ruta y mucho folk. Guitarras y sugestivas voces se mezclan armoniosamente para dar como resultado esta obra de arte, compuesta más de silencios que de sonidos, aunque provista de un sustancial fondo rítmico. Entre las paradas del camino que nos llevan a esta hermosa balada, creo que merecen especial atención la homónima, y aquella titulada: “(Do you wanna) come walk with me?”. ¿Dónde está la pequeña que quiera caminar conmigo? Ya que todos nos preguntamos como habrá de ser la carretera, sólo encontré allí esta hermosa pregunta, y siendo nosotros afables ignorantes del serpenteante porvenir del tiempo, debemos decirnos cuando queremos compartir el camino. No son palabras vanas estas que nos hablan del frío y del sendero cuando nos invitan a viajar. Todos nos preguntamos como será, yo sólo oso preguntarte, ¿(tu quieres) caminar conmigo?
Unos días mas tarde, teniendo el eco previo de la canción en mi cabeza, salí a buscar a Shivaree, en “I oughtta give you a shot in the head for making me live in this dump”. Un titulo violento y rencoroso, una justicia por mano propia. Una canilla de viejo hotel goteando notas de resignada melancolía. Un paisaje gris, un perro dormido, un vidrio roto, un vecino que espía. Una consumada pérdida, una desgarradora ausencia. El destino de todas las cosas puesto en doce canciones.
Para cerrar esta etapa del viaje, visité “Piece by piece” junto a Katie Melua. Exquisito, aunque debo admitir que la primera vez que estuve allí me costó bastante despegarme del lugar común y trillado en las últimas semanas por nuestras radiodifusoras: “Nine million bicycles”. Habiendo tantos otros ricos parajes, como el que le da título a la obra o la intensa “I cried for you”: lloré por ti, cuando el cielo lloró por ti, y cuanto te fuiste me convertí en un vagabundo sin esperanza. Pero esta vida no era para ti, aunque de ti aprendí que la belleza sólo necesita ser un susurro.
Aceptando que a veces un sueño vano nos permite sobrellevar mejor esta vida, me dejaré ahora llevar por los brazo de Morfeo a estos lugares donde he estado, llevando conmigo la luz de las sonrisas más sinceras que me supieron regalar. Espero que esta lectura haya sido para ustedes el susurro que ha sido para mi escribirla.
Como de costumbre, sólo deseo agregar que estoy bien.
Fin de semana largo en Italia, debido al feriado del viernes. Aproveché para volver a Madrid.
Viajé el jueves por la noche, arribé casi a medianoche. La nueva Terminal 4 del aeropuerto de Barajas merece un comentario. Es impresionante. Parece una imagen sacada de una película futurista.
Luego de dejar mi nueva valija en el Hostal Miralva, cerca de la Gran Vía, fui a buscar a L. (que sale con E. que sale con M.), alojada en un Hostel pasando La Puerta del Sol. Mi primera noche en la ciudad que verdaderamente nunca duerme y ya comenzaba perdiéndome entre callejuelas y sin un mapa. Preguntando se llega.
Fuimos a tomar algo cerca de la Plaza Jacinto “el barrendero” (hay una estatua de un hombre barriendo, no recuerdo el nombre) y luego, cuando nos cerraron, salimos a caminar. El frío de la noche nos metió “de prepo” en un barcito muy madrileño, tan madrileño que era de argentinos. Se llamaba “La Recova”.
En este sabinesco rincón, sobre la Calle de la Magdalena, vimos cosas tan bizarras que mejor no contarlas. Una pizza y un tiramizù calmaron el hambre. Se hizo tarde y nos esperaba un día largo.
Por la mañana del viernes fuimos al Parque del Retiro, caminando por la Vía del Prado. La hermosa Madrid continúo dando muestras de elegancia al recorrerla. El parque te hace soñar, y soñar despierto es algo desaconsejable para quien la noche anterior no se pudo soñar durmiendo. Tortugas de agua, muestra de espejos en La casa de cristal y los pies de San Francisco.
Al mediodía fuimos a buscar a “Lolo” (el nombre lo acabo de inventar) el pequeño juguete alquilado. Intentó convencernos todo el tiempo de que en realidad era un auto biplaza, llamado “Smart”, yo creo que era una moto con complejo de radio-control.
Las rutas de Madrid vieron volar esa carrocería hasta Toledo. Otra vez en Toledo, T. no me dejaría mentir si le dijera que Toledo es muy bonita en invierno y muy calurosa en primavera.
Una buena comida (la tortilla española demuestra la existencia de Dios o al menos no la niega) y las calles empinadas de la ciudadela se llevaron las ganas de fatigarse con los pies. Conocimos casi todo, luego volvimos. Tomando algo por la tarde me sucedió algo extraño: un gorrión, de los tantos que alocadamente sobrevuelan la ciudad, se posó directamente junto a mi pierna y comenzó a mirarme fijo (hay testigos, no invento). Según algunos es una señal…mmm… señal... rico…
En Madrid había quedado en encontrarme con S., nuevamente me perdí yendo de mi hotel al de L. y lamentablemente el cansancio tomó la decisión de no salir esa noche de viernes.
El sábado 3 fue otro día largo y rutero. Arrancamos temprano yendo a buscar el auto al estacionamiento y navegando en un cascarón de nuez hasta El Escorial. Imperial. Sólo un rey podría haber concebido hacer una obra de tal magnitud.
Luego, visitamos ya entrada la tarde El Valle de los Caídos, donde una gigantesca cruz de piedra domina y convierte a todo el valle en un enorme cementerio, recordando a los muertos en la guerra civil.
Desde aquí, por las rutas del Quijote hasta Segovia. No queríamos quedarnos con las ganas de conocerla, ¿que hubiera sido dejar esto por vivir? Bonita ciudad, cuenta con un bi-milenario acueducto romano, pero no tiene una heladería decente. Indignante.
La tarde cayendo estaba y el ocaso nos guió por las carreteras de Castilla hasta Ávila. Declarada patrimonio cultural de la humanidad, cuenta con la muralla medieval mejor conservada de toda Europa. Es agradable y hace bien. Nos hizo incluso pensar que quizás hubiera sido mejor no perder el tiempo con Segovia. Pero la elección ya estaba hecha, porque no contábamos con el coraje suficiente para renunciar a la visita sugerida por la guía. Haberlo sabido antes, no vayan, Segovia no vale la pena (mentira, obvio). Ávila, en cambio, nos vio conocerla. Nos vio compartir tiempo con ella y contarle nuestros secretos. Ávila nos vio emborracharnos hasta la médula en un bar de mala muerte llamado “Ole”, donde además nos cayó la impresentable fiesta de un casamiento. Bueno, digamos que toda experiencia cuenta y que de otra manera uno no podría observar cosas como esta.
Un interminable regreso y otra vez “Perdidos en Madrid”. Llegamos muy tarde, tan tarde que no dormimos, en espera nuestros vuelos de de retorno.
L. se fue al mediodía, yo aproveché para devolver a Lolo e ir por mi vuelo a Milán. Me volví a perder. ¡Que triste es la vida sin GPS!
Bueno, hoy es lunes, escribo desde Padua, al noreste de Italia, ya les contaré más detalles.
Hola a todos. Como habrán notado no estoy dedicándole mucha atención a mi blog. Esto se debe simplemente a que no me apetece. Se que coincidirán conmigo en que si no tengo ganas de hacer algo, y no tengo la obligación, no debo entonces hacerlo. Podríamos pensar en que de todas formas eso no me desliga de la responsabilidad que la ausencia de noticias de parte mía podría provocar en la gente que quiere saber de mi a la distancia, sin embargo, todos conocen mi dirección de mail, y bien podrían escribirme.
Bueno. Desde que volví de Madrid las cosas han cambiado bastante. Por motivos de trabajo me he debido trasladar a la filial de Padua, al noreste de Italia. Estoy parando en un hotel en Vicenza.
No lo sabia, pero Vicenza es la ciudad del famoso arquitecto Andrea Palladio. Interesados busquen datos en Internet.
Yo les cuento que es una ciudad hermosa, con movimiento. No sabemos hacia donde se mueve, pero se mueve.
Mi trabajo en la filial consiste en dar soporte en dos zonas de ventas donde han tomado una persona nueva y donde todavía no han asignado un responsable. Así que he vuelto a la función corporativa. Es algo muy divertido, ya que todo se habla en nombre de Festo. Ejemplo: en lugar de decir “quiero dormir”, se dice, “Festo considera oportuno que yo descanse”.
En esta región de Italia se habla un incomprensible dialecto veneto. Así que transcurro la mayor parte del tiempo aislado de toda comunicación, preguntándome si la gente me habrá de considerar retardado por no abrir la boca. De todas formas tiene su parte buena, claro está. Siempre me puedo escudar diciendo que no entendí lo que me decían. Por ejemplo, el jueves hicimos una visita a una empresa de Bolzano, región al norte de Trento donde se habla alemán. El cliente se quejaba por un producto que antes funcionaba y luego ya no. Después de escucharlo quejándose durante veinte minutos le puse una sonrisa y le dije: “Festo encontrará una solución a su problema” en un perfecto alemán. El cliente sonrió también, asumiendo que evidentemente no había entendido una palabra de sus lamentaciones pero que nos empeñaríamos en resolver su situación.
El clima se ha puesto caluroso. En el Veneto hacen 33 grados de promedio. Vivo escondido detrás del aire acondicionado.
El fin de semana pasado fui al cumpleaños de mi buen amigo Thomas en Pforzeim, cerca de Stuttgart. Viajé el viernes por la tarde, paré en algún lugar de la ruta a comer y a ver el triunfo de Argentina contra Serbia. Llegué a la noche y tuve tiempo de compartir la fiesta con los holandeses que poblaban la ciudad, como podrán apreciar en las fotos.
Produce una sensación algo extraña volver después de 5 años a una ciudad que te vio caminarla, con tantos buenos recuerdos y personas.
Pasamos el sábado por la tarde en Karlshrue con Doris (algo así como la prima austriaca de Thomas). Había una feria medieval, nos pudimos divertir con gente disfrazada muriéndose de calor.
Ese mismo día por la noche los padres de Thomas nos llevaron al lugar del cumpleaños, en medio del bosque, donde festejaban alrededor del fuego, con carpa y comidas. Muy alemán. Aunque la pase muy bien, casi muero de frío y tenía mucho sueño.
Música? Solo voy a comentar que he escuchado repetidamente a Lisandro Aristimuño, en “Ese asunto de la ventana”. Una joya, “Vos, obnubilante, desde el silencio. Sos viento de molino…”
El fin de semana que está terminando lo hemos invertido en recuperar valiosas horas de sueño perdidas durante los días pasados. Además, he visitado la pequeña ciudad de “Cittadella”, cercana a donde vivo. Es una ciudadela medieval que de medieval solo conserva la forma de sus muros y la fosa que la rodea. Atractiva, pero por su pequeño tamaño no ofrece mucho.
Facultad? Me han enviado los resultados de las validaciones. En estas semanas me pondré a considerar las opciones ofrecidas.
Buenos Aires? Se extraña. Espero darme una vuelta pronto.
Mi sobrina? Cada día más hermosa, como se puede apreciar en las fotos.
Para los que se bastan con preguntarme “como estás?” diré que bien, un poco más lejos cada día, pero bien. Mi jefe me ha hecho notar que debo reducir mis “exorbitantes” (sic) gastos de comunicación.
Bueno, ahora estoy escribiendo esto desde el hotel en Vicenza, a punto de hacerme un mate y disfrutar de unas palmeritas de panadería de domingo.
“Je pense, donc je suis”, decía Descartes, y ciertamente tenía razón. No creo que pueda yo hacer uso absoluto de su premisa, ya que no pienso tanto ni tan a menudo. Lo cito solamente para traer a vuestra lectura, pausadamente, las líneas que precede.
Si, el fin de semana tuvo también su cuota de irracionalidad, ya que me he enamorado. Es, como todo amor que bien se precie de serlo, un amor platónico. Es como todo amor, una mera ilusión. Pero como el hombre pensante subsiste gracias al dulce engaño de las ilusiones, no hay motivo para quitarle su merito.
Me he enamorado, no ya de una mujer, aunque es elegante y su perfume me recuerda a alguna y a todas; no ya de un hombre, aunque tiene nombre de muchacho. Talvez sólo he caído presa del amor por un concepto casi abstracto, pero tan firme y real como la vida misma.
El fin de semana, casi por azar, o casi por destino, conocí Paris. Salí buscando otro cielo pero la ruta no me dejó detenerme hasta el “café Pierre”, en “République”.
He pensado en repetidas ocasiones, que características debería tener un alma para que pueda de ella enamorarme, y creo que el alma de Paris las tiene todas. Y aunque aún no he arribado a una conclusión definitiva, y talvez nunca lo haga, en especial tratándose de algo dinámico como la vida misma, quiero dejar documentado parte del trabajo.
La canción que estoy escuchando en este momento me hace pensar que esa alma debería ser lo más parecida a mi soledad, y Paris conoce de muchas soledades. Sin embargo, pensaba asimismo que esto ya condicionaría cualquier tipo de libre elección, y creo que en este tema, no debería haber barrera alguna, ya que al tratarse siempre de un “otro”, un “ajeno”, no podría ser jamás clasificable.
Por ello, me arriesgo a decir que, la soledad que me enamore, debe ser dueña de un tipo de belleza que no tiene mucho que ver con lo puramente estético, pero que debe ser atractiva, al menos para mí, como lo es Paris. Debe ser profunda, y debo aceptar por tanto que sea inaccesible, como lo es Paris.
Siempre quise conocerla, y la demora queda justificada por su inexplicable hermosura o viceversa. Con esto reafirmo implícitamente que se debe aprender a esperar, y entender que nadie en esta vida podrá jamás darnos aquello que la vida misma nos ha quitado, pero que si fuéramos un poco más abiertos, podríamos valorar otras enormes riquezas que nos han regalado.
Como en los tiempos que corren nada es seguro en este plano (aunque creo que jamás lo ha sido ni será) no se puede dejar que la felicidad dependa de una sola persona. Además sería una presión sencillamente insoportable para cualquiera. Paris me trajo recuerdos de otras calles y esquinas, de otra “mujer”, que he debido dejar escapando, pasando las noches bajo otras lunas para olvidarla.
Paris me ha hecho pensar, que si de todas formas morir solo y viejo ya lo tengo asegurado, ¿porque no habría de caminar con paciencia la vida para volver a encontrarla? Paris se muestra valiente, elegante y fuerte. Es femenina, en el sentido más amplio de la palabra. En Paris me recibió Marina: almorzamos en Montparnasse, conocimos la torre Eiffel, y otras calles que se podrán ver en las fotos. Al día siguiente fuimos a Notre Damme y al Pompidou.
Como queda todavía mucho de Paris por conocer, sé que podré esperarla. Le pido a Dios que no me deje morir sin volver a verla.
Sólo agregar que estoy bien. Ya tengo una Musa (Lancia en este caso). Además, sepan que me encuentro ahora sesenta minutos más lejos de Buenos Aires.
El tiempo pasa, a veces más rápido de lo que imaginamos. Ha transcurrido ya el primer mes desde mi arribo a Italia. Pienso además que nadie lee lo que escribo, un motivo más para seguir haciéndolo, esta vez más largo, así vemos quien se la banca hasta el final.
El viernes fuimos con mis compañeros de trabajo a ver una banda tributo Vasco Rossi. Vasco Rossi es un mito de la música en italiano, algo así como un León Gieco que canta canciones de La Renga (tiene también, claro está, algo de bizarro, lo cual no opaca su larga trayectoria). Más de una generación ha crecido escuchando sus canciones y se puede apreciar lo que produce su magia al volver a escucharlo, aún cuando sean otros quienes lo emulen. Previo a la salida, fuimos con Glauco (cuyo abuelo construyó la mansión que habita ahorrando ladrillos durante la devaluación de la Lira en tiempos de guerra) a conocer el nuevo departamento de Luca.
Cuando formo parte de este tipo de experiencias, un recital simbólico, siendo no más que un extranjero, me creo en la obligación de aguzar los sentidos, para poder absorber aquello que se encuentra detrás del rito, y que talvez esté vedado a los ojos de muchos, incluso a los de sus protagonistas.
El local, grande como dos “Niceto”, se colmó al momento de iniciar a tocar la banda, la gente se subió sobre las mesas y todos, literalmente todos, comenzaron a cantar lo que desde el escenario les proponían. En esa ceremonia no importaban los detalles, y yo estuve allí. Y yo, a quien el ateísmo le inhibe de tener religión, creo firmemente que la música es mi iglesia. Un rato más tarde me encontré formando parte de aquella pompa, parado sobre una mesa y con una cerveza en la mano; sólo me restaba disfrutarla.
Unos cuantos metros frente a mi, contra la otra pared del local, bailaba sobre la mesa una musa perdida. Intuyo que quizás ninguno la haya notado, ya que no era particularmente atractiva ni tampoco se destacaba su belleza, en especial dentro del frenesí del recital. Había otra cosa que la convertía en princesa ignorada de aquella comarca temporal. Era su baile, su alegría en la mirada mientras bailaba, su casi absoluta conciencia de si misma, la ligereza de sus pasos. Estaba lejos, repito, casi escondida a un costado del escenario, pero lograba destacarse con su energía sobre toda la gente. Era reina del jardín que existe dentro suyo y dejaba ver con su ritmo que la música estaba ordenada a seguirla hasta allí. Bailaba y era ella, y no lo ignoraba. Entre tanta cosa fingida, tanto estereotipo, tanta rigidez, nadaba aquella sirena, más sincera que ninguna, porque se conocía a si misma desde hace siglos. Era joven, talvez no superaba los veinte años, pero llevaba consigo el latido mismo de la existencia que no tiene tiempo.
Creo que a menudo todos los miedos nacen del miedo humano y trivial a la vida, incluso me atrevería a afirmar, que el miedo a la muerte, aquel que más opuesto podría parecerme, tiene sus raíces en esa misma turbación. Y quien tiene miedo miente siempre, se paraliza y a veces lastima a los demás, en especial cuando se desconoce presa de ese pánico. Quien tiene miedo se termina reuniendo con otros que también tienen miedo, todos simulan no tenerlo, y eso le da coraje al grupo, pero habitualmente no viven, no sienten más que una ligera náusea y un sutil sosiego, no bailan siquiera como aquella absoluta desconocida que reinaba en aquel lejano local, que se conoce y se gobierna, aceptando con natural y lozano estoicismo el rito de la vida y sus victorias.
Fue una grata velada, pude perderme entre este y otros pensamientos mientras formaba parte de aquella ceremonia profana. Llegué incluso a sentir la ilusión de haber encontrado una casa, sólo resta hacerla mía.