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Vattene Amore

[...] Questa seconda volta che ti ho vista, sapevo giá che tu non saresti stata un’altra. No riusciró mai a dimenticare la tua gonna: allegre e vivace, proprio come te.

Eri semplicemente la donna piú bella che io avessi mai visto.

Baciami ancora.

Lucas.-

Una giornata dal tutto italiana. Mietta & Amedeo Minghi - Vattene Amore.

Postales de Viena

Hola a todos (los que leen!):

¿Qué es un viaje sino un estado del alma? Dicen que para conocer nuevos lugares, no hay que enfrentarse a otros paisajes sino tener nuevos ojos.

El viernes por la madrugada salí desde Milán con dirección a Viena, con más preguntas que respuestas, pero con las infaltables ganas de ruta.

Fue una noche larga. Un cielo claro y estrellado se movía sobre mí y dejaba vagar una encantadora metáfora que vino a mi cabeza. Viajando tuve un momento de paz, casi de plena felicidad, en medio de la nada, en el medio de la ruta y de la noche.

Debe haber sido la falta de sueño y la música, o algún efecto secundario del té, pero lo cierto es que atravesó mi mente una simple alegoría del tiempo. Nuestra vida es como un cielo lleno de pequeñas estrellas que son momentos de armonía y paz, o simplemente momentos especiales: el interminable abrazo que me diste en una plaza, el amigo que pasó el domingo cuando más lo necesitábamos, los brazos de mi sobrina en el aeropuerto, un llanto interminable, un desayuno con mis hermanas, la noche que llegaste a mi casa por sorpresa mientras dormía, un paseo por las calles de tu barrio, un almuerzo con mis abuelos, un libro que terminé, un libro que no quiero terminar, un atardecer en Fiésole, un buen mate una tarde de sol, un café en una tarde de lluvia, un tren que corrimos, un rato con las personas que quieren bien a aquellos que yo quiero bien, los ojos que no quise mirar, la tarde que me llamaste, la noche que esperé que nunca me llamaras, la cuarta vez que dijiste que no, la segunda vez que dijiste que si, alguna lágrima que cayó, una cerveza con mi papá, alguna buena charla, algún beso que robé, alguno que me dieron por sorpresa, el consuelo de quien supo estar allí cuando ni siquiera yo estaba allí, talvez esta soleada mañana en Viena, y una interminable lista de etcéteras que cada uno tendrá como tarea.

¿Cómo cierra mi metáfora? Simple, cíclicamente pasan los días y las noches. Cuando se hace de día, una estrella, la más cercana de todas ella, ilumina tan fuerte que nos hace olvidar a las demás que también cubren nuestro cielo, aunque ellas sigan allí, escondidas. Luego la noche cae otra vez, y ese astro que nos alumbraba y nos daba calor desaparece, pero no debería haber nube que nos impida verlas a todas. Hay noches claras y noches cerradas, y mi vida es una noche clara (otro día les cuanto qué vendría a ser la luna). “Si lloras porque se ha puesto el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”.

El crepúsculo me encontró a mitad de camino, atravesando valles alpinos, pasando la frontera. En Italia las autopistas se pagan en cada peaje, normalmente a la entrada y la salida de ellas. ¡Ingenuo yo, que pensé, al no encontrar peajes en Austria, que las autopistas debían ser gratis! No, no lo son, y les recomiendo no parar en las áreas de descanso, te sacuden con 120 euros.

Una vez cerca de Viena llamé a Doris, algo así como una prima de mi buen amigo Thomas. El caso es que ella creía que yo llegaba desde el oeste, mientras que lo hacía desde el sur, desde Udine. Hasta que logramos aclarar ese punto, en tres idiomas, había paseado dos horas perdido por las afueras de la ciudad.

Si les había contado que uno no puede no enamorarse de París, ¡que decir de Viena! Es algo así como una hermana menor, más joven y más bonita. Imperial, majestuosa, moderna, hasta un poco arrogante diría, pero con todo mérito. Indudablemente una de las capitales más encantadoras de Europa.

Paseamos, pude conocer el Museo Freud, como estaba prometido, hicimos un poco de noche. Podrán apreciar en las fotos más de lo que yo podría poner en palabras.

Bueno, la mañana despunta con un clamoroso sol de primavera, hoy martes es feriado en Italia, así que me quedé aquí cuatro días. Voy a cerrar esto como de cómo de costumbre, diciendo que me encuentro bien, a la tarde regreso a Milán. Gracias a lo que leen. A los demás les deseo el cuarto infierno de Dante (no, es broma, pero ellos nunca lo sabrán).


Lucas.-

Oh Bella Ciao!

Seguimos levantando viejas entradas no comentadas. Para leer en la oficina con 30 grados y un centro que se derrite. Sls.


Hola a todos después de un largo silencio. Mi blog ya se puede considerar en coma, ya no le presto ninguna atención desde hace más de dos meses. Mejor es quedarse callado cuando no hay nada interesante que escribir.

Para contarles novedades, al regreso de Buenos Aires, recibí la visita de Martín, con quien emprendimos un largo giro por Europa.

Lo fui a encontrar a Roma, a donde llegaba su avión. Estuvimos allí dos días, vimos aquello que nos quedaba por ver: catacumbas y algún foro.

Para pasar por el mítico Monasterio de Monte Cassino salimos en dirección a la península Sorrentina (o viceversa), donde hicimos noche en la ciudad que le da nombre. Una de las salidas más bizarras de los últimos tiempos cerró la noche.


La mañana siguiente metimos el cuero bajo el sol de la Costa Amalfitana, en la ciudad de Positano. Sin comentarios. Por la tarde visitamos las ruinas de Pompeya y avanzamos hacia Nápoles.
Llegamos al hostel luego de haber observado una especie de caos no bien conocida: el tráfico napolitano. Anécdotas al por mayor: motos que cruzan en rojo (insultando a los que pasan en verde), el espacio que le dejamos a una ambulancia ocupado por otros autos, los corajudos peatones que sin más ley que la ley del destino se lanzan a cruzar, una exagerada vuelta en “u” delante de la policía, etc., etc.

Otra buena salida nocturna, una interminable caminata y las chicas más simpáticas de Italia. Nápoles me llenó la cabeza de historias, ya las contaré otro día.

Esa tarde salimos para Roma. Hicimos una pausa para bañarnos en el mar. Llegamos con tiempo para tomar algo en la “Piazza dei Fiori”. Dejé a Martín y emprendí el regreso a Milán.
El fin de semana siguiente lo fui a encontrar a Ginebra, en Suiza. El domingo por la tarde nos despedimos en Lausane.

Retomamos el intenso giro cinco días más tarde desde la misma ciudad, a donde llegué el viernes por la noche. Otra salida épica, donde nuestro magnético baile logró contagiar de alegría a todo el subsuelo de la taberna “El décimo tercero”.

Al día siguiente salimos en dirección a Bruselas, donde nos deberíamos alojar. Por motivos que omitiré, llegamos demasiado tarde. Pasamos la noche en el auto en camino a Ámsterdam. Luego de dormir en el vehículo, lavarme los dientes en la estación de servicio y ser despertado por turistas en tránsito, comprendí a que se debe el proliferante negocio hotelero.

Subidos a dos bicicletas paseamos junto con Darío y su prima Julia por las calles y canales de Ámsterdam. (No quería dejar de mencionar que llegando por la autopista, pasamos por debajo de un velero y de un avión.)
Esa noche, finalmente dormimos en casa del padre de Darío en Bruselas, argentino, exiliado, músico y tanguero (el orden de los adjetivos no tiene ninguna importancia).

Si mal no recuerdo, el lunes paseamos por Brujas y Ostende, donde vimos caer el sol en el Canal de la Mancha. Al día siguiente otro interminable paseo por Francia, visitamos Reims, una pequeña ciudad de la cual no recuerdo el nombre y llegamos a Lyón.

La ciudad de Lyón nos vio terminar esta tercera parte del viaje como la habíamos comenzado: durmiendo en el auto después de otra jolgoriosa noche de copas.

Basta. No podía volver a dormir en el auto. Salimos camino a Milán, cruzamos los Alpes por el Paso del Frejus y esa tarde llegamos a mi casa. Martín se quedo hasta el sábado. Aprovechamos para pasear por la capital lombarda.

Aunque no lo crean, intenté resumir la mayor parte de este relato.

Sls.

Lucas.-

Giro de Italia

Seguimos con les refritos. Este es de Julio del 2006.

Hola a todos (los que leen!):

Debo excusarme por la falta de atención que pueden percibir en mi página. Sepan entender que tengo buenas razones y que las comprenderán al leer estas líneas.

Las últimas semanas han sido algo complicadas, de mucho y buen trabajo. Con un colega de Festo hemos estado dando un curso en las filiales. Ha sido muy productivo a nivel personal y profesional. No es fácil hablar delante de mucha gente, e imagínense hacerlo en otro idioma.

El sábado 13 he recibido la visita de Lu (que sale con Ucci, que sale con Ati), quien trajo consigo retazos de Argentina y unas ansiosas ganas de recorrer. En efecto, salimos juntos a dar un pequeño giro de 10 días por Italia.

Arrancamos caminando la histriónica Milán. Sin dudas no se encuentra a la altura de los demás destinos turísticos, una bonita ciudad que peca de superficial si la comparamos con Florencia o Roma. Aquí vimos el Castello Sforzesco, el Duomo, el centro histórico y algunos locales comerciales.

El lunes 15 salimos en dirección sur, por una ruta ya conocida, parando en la primera de las “Cinque Terre”, un pintoresco balneario de la costa de la Liguria. Mate en la playa y un poco de autopistas italianas.

Esa misma tarde vimos inclinarse la sombra de la Torre de Pisa mientras apurábamos Florencia, a donde arribamos por la noche sin lugar para dormir. Esta imperdonable falta de previsión terminó en una pensión cercana a la Estación central, donde “Dientes Negros”, la encargada de la noche, nos recibió.

Con alguna dificultad nos acoplamos al movimiento turístico de la ciudad, cumpliendo en tiempo y forma los deberes florentinos, Duomo, Campanario y Baptisterio. Luciana visitó la “Galleria degli Uffici” mientras las calles que me supieron ver allí 5 años atrás me daban la bienvenida. Ponte Vecchio, Piazza Della Signoria, Accademia y otros destacados destinos cerraron dos días de intenso caminar.

El miércoles 17 al mediodía salimos con dirección a Roma, parando en Siena y con las infaltables ganas de ruta por la Toscana.

Roma ciudad eterna, cuna de la civilización occidental, hija del hijo de la loba, madre de lo bueno y de lo malo, nos vio llegar nuevamente sin reserva y nos castigó merecidamente con una terrible pocilga. Corrimos al Vaticano despuntada la mañana y visitamos asimismo la Capilla Sixtina. Sin palabras.

Al día siguiente hicimos el resto del tour subiendo y bajando del micro para turistas apurados e ingeniosos. Comenzamos por el Coliseo y los Foros y no quedo destino principal sin conocer, incluyendo algunos que honestamente no valían la pena. Roma gobierna.

El sábado 20 fue otro día largo y rutero. Arrancamos temprano parando en Alba Adriática, sobre el mar que le da nombre. Un poco de playa y otra vez en camino. Nos confesó el mar que ese día me haría volver a Urbino, hermosa ciudadela medieval ubicada a unos 60 kilómetros de la costa, casi increíble. La fortaleza ducal merece una mención especial, y el dedo gordo de L. que termino “de cabeza” contra la piedra de una de las tantas empinadas callejuelas que tejen la ciudad.

Luego llegada la tarde, por las colinas de la Romaña, alcanzamos la República de San Marino.

Repito, una vez fuera de tierra italiana, no sabe uno donde está. Sostengo que San Marino es un sueño, creo que no existe, que solamente quienes han estado allí conservan el “deja vù” de haberla conocido. Intentamos las fotos de rigor desde el peñón con vista al mar, pero el viento castigaba más que el hambre y hubo que seguir viaje con objetivo Venecia.

La primera vez que visito Venecia. Sabemos que no es difícil para un hombre calculador moverse en la incertidumbre… pero la falta de información sinceramente me quita el sueño. Bueno, después de todo llegar no es tan complicado. Se arriba en auto hasta los silos de estacionamiento, después de haber cruzado el puente que une la ciudad con tierra firme. Una vez dejado el vehículo se camina por callejuelas rodeadas de canales. El hostel estaba en el Campo Margarita, lo encontramos sin problemas y nuestro anfitrión Amehd nos mostró porque este último hospedaje les ganaba por robo a los dos anteriores.

No hay foto, lectura o postal con la cual enseñarles Venecia. Venecia se es, si uno está listo para serlo. Venecia no se visita. Si uno esta preparado, Venecia te visita cuando llega el momento justo. Repetimos los papeles de rigor, caminamos como condenados, paseamos en góndola, asustamos a palomas que asustaron a gente que compraron cualquier baratija de vidrio de Murano.

Volvimos a Milán el lunes por la noche, ya que el martes y el miércoles, a desgano, tuve que trabajar. L. aprovechó para visitar Génova y caminar Milán (algunas fotos expuestas, adiós derecho de autor). Ayer por la tarde hicimos el aperitivo en “Living”, glamorosa pulpería del parque Sempione y luego fuimos a ver a “Belle & Sebastian” banda galesa, recomendada.

Confieso que he caminado, estoy cerrando esto ahora para no darle el gusto a mi maldita memoria de llevarse los nombres y las ciudades. Como es costumbre, sólo deseo agregar que estoy bien, hubo Argentina en casa y los tres kilos de yerba mate no me dejan mentir.

Lucas.-


Música cuando estaba en Italia

Originalmente del 15/07/06. No tolero entradas no comentadas.

Hola a algunos:

Se que no estoy escribiendo con la exacta frecuencia que ustedes se merecen, debo excusarme en función de la sincera falta de ganas de hacerlo. Dicho esto pasaré a contarles detalles de mis últimos viajes.

Después de haber conocido París, no he materialmente visitado otros lugares, con excepción de una salida de domingo al Lago Mayor, cerca de Ancona, a donde fuimos con Luca y Sissi a pasear una tarde.

Los otros viajes han sido musicales, y como creo que mi patria es la música, meritan la misma o mayor atención que aquellos viajes físicos. No estaban planeados, pero si estaban inconscientemente deseados, y sabemos que muchas veces no siempre sucede aquello que uno planea, sino aquello que uno desea, y al final no podemos discernir que será mejor, si planear lo que se desea o desear lo que se planea, ya que no siempre van de la mano estos gestos tiranos.

Primero estuve en “Ballad of the broken seas”, último trabajo de Isobel Campbell (chelista de Belle & Sebastian) y Mark Lanegan (también con un vasto currículum a cuestas). Un paisaje excepcional, con aires de ruta y mucho folk. Guitarras y sugestivas voces se mezclan armoniosamente para dar como resultado esta obra de arte, compuesta más de silencios que de sonidos, aunque provista de un sustancial fondo rítmico. Entre las paradas del camino que nos llevan a esta hermosa balada, creo que merecen especial atención la homónima, y aquella titulada: “(Do you wanna) come walk with me?”. ¿Dónde está la pequeña que quiera caminar conmigo? Ya que todos nos preguntamos como habrá de ser la carretera, sólo encontré allí esta hermosa pregunta, y siendo nosotros afables ignorantes del serpenteante porvenir del tiempo, debemos decirnos cuando queremos compartir el camino. No son palabras vanas estas que nos hablan del frío y del sendero cuando nos invitan a viajar. Todos nos preguntamos como será, yo sólo oso preguntarte, ¿(tu quieres) caminar conmigo?

Unos días mas tarde, teniendo el eco previo de la canción en mi cabeza, salí a buscar a Shivaree, en “I oughtta give you a shot in the head for making me live in this dump”. Un titulo violento y rencoroso, una justicia por mano propia. Una canilla de viejo hotel goteando notas de resignada melancolía. Un paisaje gris, un perro dormido, un vidrio roto, un vecino que espía. Una consumada pérdida, una desgarradora ausencia. El destino de todas las cosas puesto en doce canciones.



Para cerrar esta etapa del viaje, visité “Piece by piece” junto a Katie Melua. Exquisito, aunque debo admitir que la primera vez que estuve allí me costó bastante despegarme del lugar común y trillado en las últimas semanas por nuestras radiodifusoras: “Nine million bicycles”. Habiendo tantos otros ricos parajes, como el que le da título a la obra o la intensa “I cried for you”: lloré por ti, cuando el cielo lloró por ti, y cuanto te fuiste me convertí en un vagabundo sin esperanza. Pero esta vida no era para ti, aunque de ti aprendí que la belleza sólo necesita ser un susurro.

Aceptando que a veces un sueño vano nos permite sobrellevar mejor esta vida, me dejaré ahora llevar por los brazo de Morfeo a estos lugares donde he estado, llevando conmigo la luz de las sonrisas más sinceras que me supieron regalar. Espero que esta lectura haya sido para ustedes el susurro que ha sido para mi escribirla.

Como de costumbre, sólo deseo agregar que estoy bien.

Lucas.-



Antonio en Pisa.

Pongamos que hablo de Madrid

Hola a todos:

Fin de semana largo en Italia, debido al feriado del viernes. Aproveché para volver a Madrid.

Viajé el jueves por la noche, arribé casi a medianoche. La nueva Terminal 4 del aeropuerto de Barajas merece un comentario. Es impresionante. Parece una imagen sacada de una película futurista.

Luego de dejar mi nueva valija en el Hostal Miralva, cerca de la Gran Vía, fui a buscar a L. (que sale con E. que sale con M.), alojada en un Hostel pasando La Puerta del Sol. Mi primera noche en la ciudad que verdaderamente nunca duerme y ya comenzaba perdiéndome entre callejuelas y sin un mapa. Preguntando se llega.

Fuimos a tomar algo cerca de la Plaza Jacinto “el barrendero” (hay una estatua de un hombre barriendo, no recuerdo el nombre) y luego, cuando nos cerraron, salimos a caminar. El frío de la noche nos metió “de prepo” en un barcito muy madrileño, tan madrileño que era de argentinos. Se llamaba “La Recova”.

En este sabinesco rincón, sobre la Calle de la Magdalena, vimos cosas tan bizarras que mejor no contarlas. Una pizza y un tiramizù calmaron el hambre. Se hizo tarde y nos esperaba un día largo.

Por la mañana del viernes fuimos al Parque del Retiro, caminando por la Vía del Prado. La hermosa Madrid continúo dando muestras de elegancia al recorrerla. El parque te hace soñar, y soñar despierto es algo desaconsejable para quien la noche anterior no se pudo soñar durmiendo. Tortugas de agua, muestra de espejos en La casa de cristal y los pies de San Francisco.

Al mediodía fuimos a buscar a “Lolo” (el nombre lo acabo de inventar) el pequeño juguete alquilado. Intentó convencernos todo el tiempo de que en realidad era un auto biplaza, llamado “Smart”, yo creo que era una moto con complejo de radio-control.

Las rutas de Madrid vieron volar esa carrocería hasta Toledo. Otra vez en Toledo, T. no me dejaría mentir si le dijera que Toledo es muy bonita en invierno y muy calurosa en primavera.

Una buena comida (la tortilla española demuestra la existencia de Dios o al menos no la niega) y las calles empinadas de la ciudadela se llevaron las ganas de fatigarse con los pies. Conocimos casi todo, luego volvimos. Tomando algo por la tarde me sucedió algo extraño: un gorrión, de los tantos que alocadamente sobrevuelan la ciudad, se posó directamente junto a mi pierna y comenzó a mirarme fijo (hay testigos, no invento). Según algunos es una señal…mmm… señal... rico…

En Madrid había quedado en encontrarme con S., nuevamente me perdí yendo de mi hotel al de L. y lamentablemente el cansancio tomó la decisión de no salir esa noche de viernes.

El sábado 3 fue otro día largo y rutero. Arrancamos temprano yendo a buscar el auto al estacionamiento y navegando en un cascarón de nuez hasta El Escorial. Imperial. Sólo un rey podría haber concebido hacer una obra de tal magnitud.

Luego, visitamos ya entrada la tarde El Valle de los Caídos, donde una gigantesca cruz de piedra domina y convierte a todo el valle en un enorme cementerio, recordando a los muertos en la guerra civil.

Desde aquí, por las rutas del Quijote hasta Segovia. No queríamos quedarnos con las ganas de conocerla, ¿que hubiera sido dejar esto por vivir? Bonita ciudad, cuenta con un bi-milenario acueducto romano, pero no tiene una heladería decente. Indignante.

La tarde cayendo estaba y el ocaso nos guió por las carreteras de Castilla hasta Ávila. Declarada patrimonio cultural de la humanidad, cuenta con la muralla medieval mejor conservada de toda Europa. Es agradable y hace bien. Nos hizo incluso pensar que quizás hubiera sido mejor no perder el tiempo con Segovia. Pero la elección ya estaba hecha, porque no contábamos con el coraje suficiente para renunciar a la visita sugerida por la guía. Haberlo sabido antes, no vayan, Segovia no vale la pena (mentira, obvio).

Ávila, en cambio, nos vio conocerla. Nos vio compartir tiempo con ella y contarle nuestros secretos. Ávila nos vio emborracharnos hasta la médula en un bar de mala muerte llamado “Ole”, donde además nos cayó la impresentable fiesta de un casamiento. Bueno, digamos que toda experiencia cuenta y que de otra manera uno no podría observar cosas como esta.

Un interminable regreso y otra vez “Perdidos en Madrid”. Llegamos muy tarde, tan tarde que no dormimos, en espera nuestros vuelos de de retorno.

L. se fue al mediodía, yo aproveché para devolver a Lolo e ir por mi vuelo a Milán. Me volví a perder. ¡Que triste es la vida sin GPS!

Bueno, hoy es lunes, escribo desde Padua, al noreste de Italia, ya les contaré más detalles.

Lucas.-

Todo es color.



Hola a todos. Como habrán notado no estoy dedicándole mucha atención a mi blog. Esto se debe simplemente a que no me apetece. Se que coincidirán conmigo en que si no tengo ganas de hacer algo, y no tengo la obligación, no debo entonces hacerlo. Podríamos pensar en que de todas formas eso no me desliga de la responsabilidad que la ausencia de noticias de parte mía podría provocar en la gente que quiere saber de mi a la distancia, sin embargo, todos conocen mi dirección de mail, y bien podrían escribirme.

Bueno. Desde que volví de Madrid las cosas han cambiado bastante. Por motivos de trabajo me he debido trasladar a la filial de Padua, al noreste de Italia. Estoy parando en un hotel en Vicenza.

No lo sabia, pero Vicenza es la ciudad del famoso arquitecto Andrea Palladio. Interesados busquen datos en Internet.


Yo les cuento que es una ciudad hermosa, con movimiento. No sabemos hacia donde se mueve, pero se mueve.

Mi trabajo en la filial consiste en dar soporte en dos zonas de ventas donde han tomado una persona nueva y donde todavía no han asignado un responsable. Así que he vuelto a la función corporativa. Es algo muy divertido, ya que todo se habla en nombre de Festo. Ejemplo: en lugar de decir “quiero dormir”, se dice, “Festo considera oportuno que yo descanse”.

En esta región de Italia se habla un incomprensible dialecto veneto. Así que transcurro la mayor parte del tiempo aislado de toda comunicación, preguntándome si la gente me habrá de considerar retardado por no abrir la boca. De todas formas tiene su parte buena, claro está. Siempre me puedo escudar diciendo que no entendí lo que me decían. Por ejemplo, el jueves hicimos una visita a una empresa de Bolzano, región al norte de Trento donde se habla alemán. El cliente se quejaba por un producto que antes funcionaba y luego ya no. Después de escucharlo quejándose durante veinte minutos le puse una sonrisa y le dije: “Festo encontrará una solución a su problema” en un perfecto alemán. El cliente sonrió también, asumiendo que evidentemente no había entendido una palabra de sus lamentaciones pero que nos empeñaríamos en resolver su situación.

El clima se ha puesto caluroso. En el Veneto hacen 33 grados de promedio. Vivo escondido detrás del aire acondicionado.


El fin de semana pasado fui al cumpleaños de mi buen amigo Thomas en Pforzeim, cerca de Stuttgart. Viajé el viernes por la tarde, paré en algún lugar de la ruta a comer y a ver el triunfo de Argentina contra Serbia. Llegué a la noche y tuve tiempo de compartir la fiesta con los holandeses que poblaban la ciudad, como podrán apreciar en las fotos.

Produce una sensación algo extraña volver después de 5 años a una ciudad que te vio caminarla, con tantos buenos recuerdos y personas.

Pasamos el sábado por la tarde en Karlshrue con Doris (algo así como la prima austriaca de Thomas). Había una feria medieval, nos pudimos divertir con gente disfrazada muriéndose de calor.

Ese mismo día por la noche los padres de Thomas nos llevaron al lugar del cumpleaños, en medio del bosque, donde festejaban alrededor del fuego, con carpa y comidas. Muy alemán. Aunque la pase muy bien, casi muero de frío y tenía mucho sueño.

Música? Solo voy a comentar que he escuchado repetidamente a Lisandro Aristimuño, en “Ese asunto de la ventana”. Una joya, “Vos, obnubilante, desde el silencio. Sos viento de molino…”

El fin de semana que está terminando lo hemos invertido en recuperar valiosas horas de sueño perdidas durante los días pasados. Además, he visitado la pequeña ciudad de “Cittadella”, cercana a donde vivo. Es una ciudadela medieval que de medieval solo conserva la forma de sus muros y la fosa que la rodea. Atractiva, pero por su pequeño tamaño no ofrece mucho.

Facultad? Me han enviado los resultados de las validaciones. En estas semanas me pondré a considerar las opciones ofrecidas.

Buenos Aires? Se extraña. Espero darme una vuelta pronto.

Mi sobrina? Cada día más hermosa, como se puede apreciar en las fotos.

Para los que se bastan con preguntarme “como estás?” diré que bien, un poco más lejos cada día, pero bien. Mi jefe me ha hecho notar que debo reducir mis “exorbitantes” (sic) gastos de comunicación.

Bueno, ahora estoy escribiendo esto desde el hotel en Vicenza, a punto de hacerme un mate y disfrutar de unas palmeritas de panadería de domingo.

Lucas.-

Urbino - Semana Santa 2006

Falto de ideas, recurrimos a un refrito. Original del 20/04/06.

Hola a todos (los que leen!):

¿Cómo saber qué es real y qué no, si el tiempo sólo es un sueño, y todo lo que transcurre existe en la medida que nuestros sentidos sean permeables a ello?

El sábado me desperté un poco más tarde de lo planeado y salí con ganas de ruta y de mar. Una cómica ironía del destino me condujo hasta San Marino.

Llegué al hostal pasado el mediodía, en la ciudad balnearia de Rimini, donde décadas atrás las estrellas del cine europeo solían pasar sus vacaciones. Todavía conservan sus calles un poco del glamour que supieron ver esos años idos.




Tuve un momento de contemplación junto al océano, confidente leal de tantos secretos compartidos. Creo además que era la primera vez que mojaba mis pies en la costa del Adriático, así que casi sin conocernos, supimos con sólo mirarnos que éramos hace siglos, los mismos, los otros. Dediqué esa jornada al paseo y a la lectura, ya que la condición climática no permitía bañarse. A pesar de ser un hermoso día, soleado y cálido, el viento asustaba al más valiente. De forma que, sin tocarnos, susurrándonos al oído palabras en idiomas diferentes, nos pusimos al corriente de la situación de cada uno.

Me dijo el mar que al día siguiente debía conocer Urbino, una hermosa ciudadela medieval ubicada a unos 60 kilómetros de la costa. Salí presto en esa dirección y arribé allí recién comenzada la mañana. Ya me preguntaba yo quienes habrían sido los duques de Urbino, a los cuales Maquiavelo hace repetida mención en “El príncipe”, además de dedicarle comentarios a las familias Sforza de Milán y a los Medici florentinos. Después de haber conocido las tres ciudades, se comprende la riqueza que poseen como resultado del pausado devenir de la historia, sus ciudadanos y sus grandes hombres.

Urbino es una ciudad increíble, como espero se pueda apreciar en las fotos que aquí les muestro. La fortaleza ducal merece una mención especial, como lo es el tesoro que dentro de ella se exhibe. Además posee los ojos más bonitos de toda la península en la chica que vende los helados.

Luego, llegada la tarde, con una pena a cuestas, dejé que la Musa decidiera por mí. Su capricho me llevo por las colinas de la Romaña hasta la República de San Marino. El solo viaje a través del paisaje, un estado del alma, hubiera bastado como lenitivo.




Una vez fuera de tierra italiana, no supe donde estaba. Creo que San Marino es un sueño, creo que no existe, que solamente quienes han estado allí conservan el “deja vù” de haberla conocido. Es cierto que también llené de fotos mi cámara, pero créanme que no son reales ni por asomo.

Su situación geográfica envidiable, casi inexpugnable, un pueblo en armonía con sus gobernantes y una astuta diplomacia le han permitido conservar su independencia como ciudad-estado.

Hoy es lunes 17 de abril, feriado. Llueve copiosamente sobre Milán pero el sol muestra su escondite y promete dejarse ver antes de que termine el día. Apuré el regreso de la costa ayer por la noche para evitar la parte pesada del tráfico. Hoy es otro sueño, hoy no soy yo. Hoy encontré un pueril refugio en estas y otras líneas, en palabras. Es un momento de ojos cerrados en un año de exilio.

Como de costumbre, sólo deseo agregar que estoy bien. Les agradezco la lectura a quienes hasta aquí me han seguido. Les agradezco escucharme cerca.

Lucas.-

Paris, mon amour!!!



“Je pense, donc je suis”, decía Descartes, y ciertamente tenía razón. No creo que pueda yo hacer uso absoluto de su premisa, ya que no pienso tanto ni tan a menudo. Lo cito solamente para traer a vuestra lectura, pausadamente, las líneas que precede.

Si, el fin de semana tuvo también su cuota de irracionalidad, ya que me he enamorado. Es, como todo amor que bien se precie de serlo, un amor platónico. Es como todo amor, una mera ilusión. Pero como el hombre pensante subsiste gracias al dulce engaño de las ilusiones, no hay motivo para quitarle su merito.

Me he enamorado, no ya de una mujer, aunque es elegante y su perfume me recuerda a alguna y a todas; no ya de un hombre, aunque tiene nombre de muchacho. Talvez sólo he caído presa del amor por un concepto casi abstracto, pero tan firme y real como la vida misma.

El fin de semana, casi por azar, o casi por destino, conocí Paris. Salí buscando otro cielo pero la ruta no me dejó detenerme hasta el “café Pierre”, en “République”.

He pensado en repetidas ocasiones, que características debería tener un alma para que pueda de ella enamorarme, y creo que el alma de Paris las tiene todas. Y aunque aún no he arribado a una conclusión definitiva, y talvez nunca lo haga, en especial tratándose de algo dinámico como la vida misma, quiero dejar documentado parte del trabajo.

La canción que estoy escuchando en este momento me hace pensar que esa alma debería ser lo más parecida a mi soledad, y Paris conoce de muchas soledades. Sin embargo, pensaba asimismo que esto ya condicionaría cualquier tipo de libre elección, y creo que en este tema, no debería haber barrera alguna, ya que al tratarse siempre de un “otro”, un “ajeno”, no podría ser jamás clasificable.

Por ello, me arriesgo a decir que, la soledad que me enamore, debe ser dueña de un tipo de belleza que no tiene mucho que ver con lo puramente estético, pero que debe ser atractiva, al menos para mí, como lo es Paris. Debe ser profunda, y debo aceptar por tanto que sea inaccesible, como lo es Paris.

Siempre quise conocerla, y la demora queda justificada por su inexplicable hermosura o viceversa. Con esto reafirmo implícitamente que se debe aprender a esperar, y entender que nadie en esta vida podrá jamás darnos aquello que la vida misma nos ha quitado, pero que si fuéramos un poco más abiertos, podríamos valorar otras enormes riquezas que nos han regalado.



Como en los tiempos que corren nada es seguro en este plano (aunque creo que jamás lo ha sido ni será) no se puede dejar que la felicidad dependa de una sola persona. Además sería una presión sencillamente insoportable para cualquiera. Paris me trajo recuerdos de otras calles y esquinas, de otra “mujer”, que he debido dejar escapando, pasando las noches bajo otras lunas para olvidarla.

Paris me ha hecho pensar, que si de todas formas morir solo y viejo ya lo tengo asegurado, ¿porque no habría de caminar con paciencia la vida para volver a encontrarla?


Paris se muestra valiente, elegante y fuerte. Es femenina, en el sentido más amplio de la palabra. En Paris me recibió Marina: almorzamos en Montparnasse, conocimos la torre Eiffel, y otras calles que se podrán ver en las fotos. Al día siguiente fuimos a Notre Damme y al Pompidou.


Como queda todavía mucho de Paris por conocer, sé que podré esperarla. Le pido a Dios que no me deje morir sin volver a verla.

Sólo agregar que estoy bien. Ya tengo una Musa (Lancia en este caso). Además, sepan que me encuentro ahora sesenta minutos más lejos de Buenos Aires.

Lucas.-

Ceremonia profana



Hola algunos:

El tiempo pasa, a veces más rápido de lo que imaginamos. Ha transcurrido ya el primer mes desde mi arribo a Italia. Pienso además que nadie lee lo que escribo, un motivo más para seguir haciéndolo, esta vez más largo, así vemos quien se la banca hasta el final.

El viernes fuimos con mis compañeros de trabajo a ver una banda tributo Vasco Rossi. Vasco Rossi es un mito de la música en italiano, algo así como un León Gieco que canta canciones de La Renga (tiene también, claro está, algo de bizarro, lo cual no opaca su larga trayectoria). Más de una generación ha crecido escuchando sus canciones y se puede apreciar lo que produce su magia al volver a escucharlo, aún cuando sean otros quienes lo emulen. Previo a la salida, fuimos con Glauco (cuyo abuelo construyó la mansión que habita ahorrando ladrillos durante la devaluación de la Lira en tiempos de guerra) a conocer el nuevo departamento de Luca.

Cuando formo parte de este tipo de experiencias, un recital simbólico, siendo no más que un extranjero, me creo en la obligación de aguzar los sentidos, para poder absorber aquello que se encuentra detrás del rito, y que talvez esté vedado a los ojos de muchos, incluso a los de sus protagonistas.

El local, grande como dos “Niceto”, se colmó al momento de iniciar a tocar la banda, la gente se subió sobre las mesas y todos, literalmente todos, comenzaron a cantar lo que desde el escenario les proponían. En esa ceremonia no importaban los detalles, y yo estuve allí. Y yo, a quien el ateísmo le inhibe de tener religión, creo firmemente que la música es mi iglesia. Un rato más tarde me encontré formando parte de aquella pompa, parado sobre una mesa y con una cerveza en la mano; sólo me restaba disfrutarla.

Unos cuantos metros frente a mi, contra la otra pared del local, bailaba sobre la mesa una musa perdida. Intuyo que quizás ninguno la haya notado, ya que no era particularmente atractiva ni tampoco se destacaba su belleza, en especial dentro del frenesí del recital. Había otra cosa que la convertía en princesa ignorada de aquella comarca temporal. Era su baile, su alegría en la mirada mientras bailaba, su casi absoluta conciencia de si misma, la ligereza de sus pasos. Estaba lejos, repito, casi escondida a un costado del escenario, pero lograba destacarse con su energía sobre toda la gente. Era reina del jardín que existe dentro suyo y dejaba ver con su ritmo que la música estaba ordenada a seguirla hasta allí. Bailaba y era ella, y no lo ignoraba. Entre tanta cosa fingida, tanto estereotipo, tanta rigidez, nadaba aquella sirena, más sincera que ninguna, porque se conocía a si misma desde hace siglos. Era joven, talvez no superaba los veinte años, pero llevaba consigo el latido mismo de la existencia que no tiene tiempo.

Creo que a menudo todos los miedos nacen del miedo humano y trivial a la vida, incluso me atrevería a afirmar, que el miedo a la muerte, aquel que más opuesto podría parecerme, tiene sus raíces en esa misma turbación. Y quien tiene miedo miente siempre, se paraliza y a veces lastima a los demás, en especial cuando se desconoce presa de ese pánico. Quien tiene miedo se termina reuniendo con otros que también tienen miedo, todos simulan no tenerlo, y eso le da coraje al grupo, pero habitualmente no viven, no sienten más que una ligera náusea y un sutil sosiego, no bailan siquiera como aquella absoluta desconocida que reinaba en aquel lejano local, que se conoce y se gobierna, aceptando con natural y lozano estoicismo el rito de la vida y sus victorias.

Fue una grata velada, pude perderme entre este y otros pensamientos mientras formaba parte de aquella ceremonia profana. Llegué incluso a sentir la ilusión de haber encontrado una casa, sólo resta hacerla mía.

Lucas.-


26 de febrero de 2006

Para Borges era un gran ejercicio la relectura, para mi los refritos... Del 2006:

Holas!

El jueves me reencontré con Marion, una amiga de Alemania, responsable de RRHH que me recibió cuando arribé allí en el 2001. Fuimos a cenar a una típica pizzería en la zona del Naviglio junto a Evy y su novio, Pier Paolo. Tratando de emular el valor del susodicho, ordené yo también una pizza “furiosa”, hecha con una enorme cantidad de picante… aún estoy tratando de digerirla. De todas formas fue bueno volver a vernos, años después.

Pienso que he tenido ya tantas despedidas que se me va haciendo vicio. Han habido igualmente fortuitos reencuentros. No llego a decidir qué es mejor, ya que según creo, despedirse es haberse conocido, y reencontrarse tal vez sea sólo una inesperada circunstancia tiempo-espacio.

Luego, el viernes, fuimos a una cena invitados por Glauco, compañero de trabajo, junto a sus amigos. La misma se llamaba “Mailando, mailando. Il porco sul tavolo” (no existe traducción; para pensar les dejo: maiale=cerdo). Fuimos con Luca hasta el sitio, ubicado en la campiña, a metros del río Po, pasando Piacenza, a unos 90km al sudeste de Milán. Una grata velada, luego salimos a tomar algo para matar la noche.




El sábado estuvo dedicado a comprar cosas que me faltaban para el departamento. Comprando conocí a mi nuevo room-mate, Antonio. Lo podrán ver en las fotos. Antonio es víctima del macabro sistema de retiro europeo. Aun siendo viejo, y habiendo pasado muchos años de duro trabajo en las minas inglesas, debe buscarse un lugar caritativo para vivir. Lleva a cuestas una historia de amor imposible con una ingrata que abusaba de él y sus compañeros sólo para ganar el favor de un apuesto príncipe.

El domingo, un poco de ruta. Al despertarme salí en dirección a Pisa, para conocer esta mágica ciudad y para sacarme las ganas luego de haber estado muy cerca en el 2001 y no haberla podido visitar. No creo que pueda poner en palabras tanta belleza, sólo deseo apuntar que ha sido un lindo viaje, ayudado siempre por el infaltable GPS. Ah, por cierto, tuve mi primer encuentro en ruta con una Ferrari. Imagino que en todos los diccionarios, junto a la palabra “velocidad” debe aparecer una foto de ese monstruo rojo.

Ahora, en líneas generales podría contar que estoy bien, lejos pero bien. Ignoro lejos de donde, ya que acepto humilde que desconozco también desde que punto se miden las distancias para saber quién está lejos y quien cerca. Aceptemos entonces que todo es relativo, especialmente las ausencias.

Lucas.-

Chiavenna

Seguimos con los refritos. Originalmente el 17/02/06. Sls.

Holas!!!

Bueno, ya pasaron dos semanas desde mi arribo... Mucho para contar...

La vida en Milán te trata bien... de a poco voy sacando afuera secretos que te facilitan un poco las cosas... vale aclarar que se trata de una de las ciudades mas caras del mundo, así que sin un poco de cabeza se te va el sueldo en nada...

Café: ay! se ha escrito tanto sobre el café en Italia que no se si vale la pena agregar algo... para los amantes del café en mi Buenos Aires, lo primero que les va a faltar es justo el café.. es decir... no es lo mismo. Veamos: acá el café se toma de pie y a la carrera... se pueden tomar muchos, pero siempre así... en Buenos Aires, no se... un café es mas bien un rito que necesita de tiempo, espacio y un buen café... acá un ristretto al paso aplica...

Autos: por Dios! yo que pensaba que nosotros en casa manejábamos mal... no, eso no es nada, acá lo hacen peor y al doble de velocidad... eso sin nombrar el tráfico, que más de una vez te roba las horas inescrupulosamente... ayer estuve casi 3 horas para hacer 100km.. eso sin contar otro dato...

Calles: ayer aprendí una cosa valiosa: Milán es una ciudad enorme... cuando creí que ubicando el hotel estaría salvado, me equivoque... tampoco sirve de mucho saber ubicarse, como las calles no tienen una planta cuadrada, se puede uno perder dando vueltas... toda la ciudad es un gran "Parque Chas". Listo, GPS para uno.

El fin de semana estuve en Chiavenna. En el milagro de la vida no debe olvidarse que uno es la razón por la que nuestros ancestros vivieron... Mi bisabuelo era de este pueblo... Que decir? Por otro lado... somos tantos los que estamos perdidos que de a poco nos vamos encontrando... es magia.



En Chiavenna hay dos hoteles. Uno de ellos, el Hotel Crimea, pertenece a una familia de la zona. El hijo de esa familia (Mathias) administra el Restauran y su hermana el hotel. El caso es que Mathias trabajó un tiempo en Nueva York. Allí conoció a su novia, una brasilera: Luciana. Luciana tiene una amiga, Ana. Ana ha hecho un curso de italiano en el 2001, en Florencia. En ese curso había un compañero argentino... No se imaginan el final de la historia, no? Bueno, el caso es que me recibieron como nunca, en uno de los dos mejores hoteles-restaurantes del pueblo de origen de mi abuelo. Además salimos y comimos los platos típicos...

Bueno... en breve me instalaré en mi departamento... les daré mas noticias desde allí... he además puesto algunas fotos.... faltan las de este fin de semana, prometo ponerlas pronto...

Sólo deseo agregar que se los extraña a todos... menos a Filiberto que jamás lo quise... lo siento Fili, era hora de decírtelo.

Un beso desde la hermosa Lombardia...

Lucas.-


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